viernes, 25 de marzo de 2005

Siddartha y Treyes


RESEÑA.-
Treyes. Exodus. Aleta ediciones: Balas perdidas, 12, Sueca, XII-2004.
La ficción ucrónica de Treyes (se sitúa en un siglo VI donde la brujería campa por doquier en Europa) resulta satisfactoria desde su primera página. Más ahora que en su primera entrega, habiendo pulido algunos de sus defectos los autores implicados: el guionista Eduardo Cubera y el dibujante Pedro Camello, Kame. Entre los dos desdibujan la historia antigua europea para reconstruir un fresco de fantasía heroica entretenido y mixto. La mezcla parece ser la tónica de esta época de géneros subvertidos o híbridos, y aquí aparecen desde un Papa malévolo (Thanatos I) que recuerda a las figuras astifinas de la literatura de M. Moorcock, hasta un colectivo de personajes que encajarían perfectamente en el mundo de Bone, de Jeff Smith. Todo ello pasando por una demiurgia que debe tanto a Peyo como a Robert E. Howard como al manga de espada y brujería en general.
Kame a avanzado en su dibujo. Es ahora más claro, ocasionalmente espectacular, aunque todavía le faltan por pulir negros y tramados. La estética "toon" hacia la que se inclina brinda mejores resultados de los que obtiene con su acercamiento al realismo ensayado en el comienzo de este tebeo. Pero no por ello pierde trepidancia el relato, que es un continuo aporte de acción en todo momento. Eso es lo mejor de la obra, el guión ágil de Cubera, que nos lleva de un punto a otro de esta geografía inventada con adrenalina en el cuerpo, aunque a veces no se sabe muy bien a qué obedece tanto impulso. Los suspensos y silencios entran oportunamente cuando deben, pero exigen muchas viñetas y en la lectura de corrido se agradecen más las escenas de enfrentamiento. El del final, contra el malísimo Rawulf (que lleva la máscara de Jason, qué cosas), resulta estremecedor en algunos momentos.
Pena da que las 68 páginas no den más de sí, porque el relato queda roto y uno quisiera saber más de la magia infantil y de la ventura que les espera a esos quijotes del siglo sexto... Narrar con menos viñetas sería lo suyo.
Obra recomendable, buena fantasía heroica de la última hispana, junto con lo que hacen Quim Bou y lo que hizo en su día Mateo Guerrero y su gente.

Siddartha. Los portales de Steranko. Recerca / Non Stop! comics, Barcelona, XI-2004.
Personaje creado por David Carbajal y Jaime Calderón, con el que se ha construido un tebeo estéticamente llamativo al que la calidad de la edición y el color (de Luis Amorós y Alfonso Alonso) convierten en una buena tarjeta de presentación para otros mercados, especialmente el estadounidense.
Se trata de una historia de género negro, de un asesino a sueldo duro, uno que es capaz de matar a su cliente si las razones que aduce para contratarle no le resultan convincentes. La motivación para el resto de personajes consiste en un libro del cual depende la vida de un ricachón; la tensión del relato la pone la tríada Sean - Ángel - el padre de ambos asesinos, que generó en el pasado, y aún perdura, una competitividad poco creíble por aquello de la aceptación. Se trata de una breve puesta en antecedentes para que de pronto el tebeo se acabe sin llegar a más acción o meollo argumental, lo cual es una pena dada la eficacia del dibujante, cuyos defectos quedan enmascarados por el color.
Lo más destacable del tebeo, muy destacable, es la historia que narra el contratante interesado en el libro: la historia de Future Force. Cualquier con una cultura tebeística media halla en su relato una versión paralela y casi verosímil del cuarteto fundador del Universo Marvel: Fantastic Four (con igual acrónimo). Aquí lo que ocurre es que una droga les estimula encefálicamente y el experimento sale mal. El más joven se inflama como un flash y deja de ver por unos instantes. La chica desarrollaba ahora un sistema empático que impide mirarla directamente y "desaparecía" para los demás. El fortachón del grupo se endurecía y adquiría fuerza, pero luego quedaba inmóvil durante horas. Finalmente, el jefe del proyecto, descubre una enfermedad congénita que afecta a su epidérmis convirtiéndola en chicle... Sí, es una mirada cruel sobre Los 4 Fantásticos, pero esta conversión de héroes en freaks que sólo consiguen superar la frustración cuando usan sus poderes para montar una suerte de espectáculo circense en teatros de todo el mundo resulta de lo más satisfactoria. Esta deconstrucción es lo mejor del tebeo, una mirada desmitificadora que merece la pena. Luego hay unas páginas dedicadas a un relato de juventud del personaje, pero se puede prescindir de ellas.
A ver cómo sigue la búsqueda del libro; y la de sus autores por una mejoría en la puesta en página y en el relato.

Reseña de Manuel Barrero. Tebeosfera recibió servicio de prensa de Aleta y de Non Stop! comics

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