martes, 8 de marzo de 2005

Manga para gays


Cubierta de Play Boy Blues, de Shiuko Kano
RESEÑA.- Play Boy Blues (La Cúpula: Yaoi, 2005, 8,95 euros), es un tebeo de Shiuko Kano publicado en su Japón natal allá por 2003 que La Cúpula ha editado en un sólo volumen (salvo por una historieta previa del mismo género), sin foliación, en b/n, e impreso en sentido de lectura oriental.
Los manga de género gay han sido poco vistos en España, el género yaoi ha llegado oportunamente -quizá algo tarde- a una sociedad que ya demanda este tipo de productos y, lo que es más importante, dirigido a un público que es cada día más abundante, abierto e implicado en la realidad económica, un sector poblacional de alto poder adquisitivo y por lo tanto feliz consumidor. El mercado potencial que supone la comunidad homosexual es de 700.000 millones de dólares, según estimaban a comienzos de 2002, y la cifra, algo exagerada entonces, es muy probable que haya crecido en tres años. Hoy hay voces que avisan de que estas cifras barajadas cambiarán en cuanto los matrimonios entre homosexuales y la posibilidad de adoptar niños se normalicen, lo cual conducirá a una merma de los gastos destinados al ocio... Glénat se ha apuntado al carro de editar cómics para gays -casi todos de temática erótica-, con los lanzamientos Bronze y Zetsuai; Norma, con Fake, de Sanami Matoh, y Kizuna, de Kazuma Kodaka; La Cúpula ha lanzado también Yellow, de Makoto Tateno.
Play Boy Blues sigue siendo un manga genuino en su relato, ágil (tanto que hay viñetas sólo con textos) y en su lenguaje gráfico, que se detiene en la caricatura para reflejar el azoramiento, la vergüenza o los estados de ánimo exagerados. Para los no habituales del manga se avisa que el discurso tiene un gran porcentaje de titubeo, sólo comprensible si se adopta una velocidad de lectura determinada. Pero es un titubeo que interesa a esta historia, de chicos enamorados que viven un tira y afloja en su relación y en sus sentimientos amorosos. El tratamiento de las relaciones afectivas y sexuales entre estos personajes de historieta poco tiene que ver con la pornografía para heterosexuales -o ya incluso si consideramos los tebeos de corte erótico-: aquí se habla con delicadeza de una relación, desde un acercamiento dubitativo hasta la pasión más desenfrenada, del miedo al compromiso y del afán poseedor. Así entonces, gustará al lector con sensibilidad ver cómo se resuelven los arrebatos, el tratamiento de los celos ("no te acerques a mí mientras huelas a mujer") y en general la puesta en página y los fondos cuidados. El interesado en la resolución gráfica comprobará un uso exquisito de los tramados (en una técnica a veces parecida a la de Park Sang Sun), la narrativa sugerente antes que explícita (los penes no están ocultos, pero Shiuko los siluetea gráciles y las eyaculaciones no ofenderán a nadie) y la explosión gráfica en los momentos de contacto, sobre todo en los besos, que resultan muy carnales.
Sirve también Play Boy Blues para aprender algunas cosillas de la cultura nipona, sobre los establecimientos en los que se practica sexo, sobre los escorts, sobre el atuendo de los trabajadores de la construcción, sobre ciertas costumbres sociales... todo ello en esos cartuchos metanarrativos tan característicos de los manga.
Pues sí, un tebeo digerible y simpático. Única tacha: el texto dentro de los bocadillos de izquierda a derecha mientras que hay que ir saltando de bocadillo en bocadillo de derecha a izquierda. Para algunos ún resulta confuso. Abundar sobre este asunto resulta baladí en una industria que, por diferenciarse del resto de la producción de historieta, o por parecerse a la japonesa, ha adoptado un modelo de edición que resulta, a la larga, más complejo que la reflexión de las páginas originales. Si el lector exclusivo de manga se acostumbra a este formato, a la larga se habrá perdido un lector de cómics en general para ganar un sector de lectores especializados. Que sea eso bueno o malo escapa a este análisis.

Reseña de Manuel Barrero. La Cúpula realizó servicio de prensa con Tebeosfera.

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