viernes, 28 de marzo de 2008

PALABRA DE HUMOR CERRO CON SIR CAMARA

EL CICLO DE CONFERENCIAS PALABRA DE HUMOR, ORGANIZADO POR LA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL MENÉNDEZ PELAYO EN CUENCA, CULMINÓ EL DÍA 25 DE MARZO CON LA PRESENCIA DEL HUMORISTA GRÁFICO ‘SIR CÁMARA’

Un broche de oro para este ciclo de conferencias en torno a este medio y a este lenguaje, pues Ricardo Cámara Lastras es no sólo uno de los más veteranos dibujantes satíricos españoles, también es un hombre de inteligencia afilada y experimentado, conocedor del ámbito de su profesión y de los límites de sus obras. No hemos podido conocer el contenido de su conferencia porque los medios de información conquenses no lo reprodujeron, ni un extracto, pero sí hemos tenido acceso al folleto de presentación, muy bien escrito, cedido por la UIMP a los asistentes al ciclo, y también a las dos entrevistas que se le practicaron por dos periodistas locales.

Reproducimos lo más destacado de estos tres documentos y sus fotografías de acompañamiento:

«Nacido en Madrid en 1952, Ricardo Cámara Lastras, “Sir Cámara” tras iniciar su andadura profesional en los estudios de unas cuantas agencias de publicidad, comenzó a firmar con el que ya iba a ser su seudónimo habitual en El Diario de Cádiz, iniciando una trayectoria cuyo siguiente paso le llevaría a la redacción de una revista tan emblemática dentro de la historia del humor español como fue La Codorniz. Llegarían luego sus colaboraciones en diarios y revistas tales como Pueblo, Nuevo Diario, Informaciones, Cambio 16, Diario 16 (formó parte de su equipo fundador), La Vanguardia, Madrid, Marca, AS, El Faro de Vigo, El Diario de Ibiza, El Norte de Castilla, Cinco Días o Interviú dentro de una lista de nunca acabar donde habría que citar asimismo Madridiario, Gaceta Fiscal, Computer World, Setas y Plantas, Patagón o Vía Libre amén de sus colaboraciones en la agencia de noticias Fax Press. También cabría recordar sus colaboraciones en la desaparecida revista conquense El Banzo, alguna de las cuales, por cierto, mereció la atención cercenadora de la censura.

A su faceta como humorista gráfico hay que añadir sus trabajos como colaborador radiofónico en Radio El País o en Radio Cadena y su meritoria aventura como director de una pequeña emisora de FM en Fuente El Saz de Jarama. También cabe señalar los artículos firmados en distintas publicaciones con sus otros alias de Daniel Gálvez, Signatario o Martín Zalacaín. Y por supuesto su abundante presencia editorial con una nómina de libros entre los que figuran títulos como “De la Moncloa a los Mundiales”, “El Camarasutra”, “Madrid, nada más lejos de Cuenca” (publicado en 2002 por la editorial conquense Alfonsípolis) “La guerra que en paz descanse”, “El libro de José” (con José María Aznar como protagonista), “Sola, o en compañía de otro”, o el más reciente: “Homo scrotalensis” autocalificado por su autor como un libro de autoayuda para padres con adolescentes. Todo ello aparte de la aparición de sus tiras y viñetas en numerosos volúmenes colectivos como, por citar tan sólo un par de ejemplos, “El humor universal en El Quijote” fruto de la muestra que, con idéntico epígrafe y organizada por la Empresa Pública Don Quijote itineró por nuestra región al hilo del Cuarto Centenario de la obra cervantina, o “Humor a toda vela” hijo a su vez de otra muestra organizada con ocasión de la celebración en Valencia de la Copa América. Y hablando de exposiciones hay que recordar la llevada a cabo en el Centro Cultural Aguirre de Cuenca en mayo de 2002 para la que cedió ciento doce de sus dibujos a beneficio de la Asociación ASPADEC.»

De la entrevista que le practicó Jesús Huerta para el diario Cuenca y que apareció en la página 12 del complemento VIVIR de la edición del día 26 de marzo extraemos estas perlas:

«Yo comencé mi andadura cuando era ‘chavalín’, en Cádiz. Me quedé sin dinero para volver a Ma­drid, y conseguí que me dieran alo­jamiento y empecé a dibujar una viñeta durante una semana y me­dia en el Diario de Cádiz. Con eso conseguí pagar el billete de vuelta para regresar. Así empezó la histo­ria. Luego continué y fui a la redac­ción de La Codorniz y conseguí que me dieran trabajo en este se­manario, apodado ‘la revista más audaz para el lector más inteligen­te’, pero cuando cayó la primera sanción administrativa cerraron la revista, y nos quedamos un mon­tón de dibujantes en la calle. El dia­rio Pueblo, que era el órgano del sindicato vertical, nos dio cobijo, y crearon una sección de humor. Allí coincidí con un amigo de Cuenca que conocía a la gente de El Ban­zo, y comencé a colaborar desde Madrid, al igual que hago ahora a través de la agencia Fax Press.

(…) ¿Cómo se convierte uno en humorista gráfico?

Yo trabajaba en agencias de pu­blicidad y allí se hacían dibujos, montajes, fotografías... Llega un momento en el que quería hacer muchas cosas para las que me fal­taba formación. Así, producto de una mente inquieta, decidí dar el salto al medio prensa, a dedicarme a interpretar el acontecer diario, y eso te lleva a lo que se a podido ver 35 años después. Entonces te das cuenta de que te conviertes en un cronista de la historia, vas hacien­do interpretaciones día a día y vas dando forma a la historia más re­ciente Y en eso estamos.

(…) ¿Le gusta ‘dar caña’ desde su tira? ¿Es esa la misión del humo­rista gráfico?

La obligación de cualquiera que se dedica a la sátira y a la críti­ca, entendida como remover con­ciencias, es la de sacudir y no dejar a nadie derecho para que esas con­ciencias no se apoltronen. Hay que dar y dar fuerte contra todo poder establecido, a un sitio o a otro, que es algo que algunos no entienden. A mí no es que me guste dar a uno en particular, lo que ocurre es que en el día a día hay quien te da más motivos. Lo hemos visto en ios úl­timos años, que no han sido una legislatura sino una’legisladura’. Ha sido la política del todo vale en la que cualquier cosa servía para hacer ruido y por tanto, para difi­cultar la gobernabilidad.

Hablaba antes de que ya con la Codorniz, topó con la censura. ¿Se la ha encontrado frecuente­mente?

Todos tenemos alguna cicatriz de guerra. Yo tuve una en 1978, por causa de Blas Pinar, un dirigente de la ultraderecha que, afortuna­damente, poca gente recuerda, y que me pedía nueve millones de las antiguas pesetas. Aquello fue un sinvivir, porque este tipo repre­sentaba a gente muy exaltada, que de alguna forma te podían identi­ficar por la calle y partirte la cara. Llegamos a los tribunales, llevé de testigos a algunos colegas, como Forges y Fernando Onega, y allí nos vimos las caras. Ya estaba a punto la causa por desacato a un tribunal militar, imagínate... Finalmente la Audiencia sobreseyó el caso, por­que yo no había dicho nada que no hubiera dicho otro medio du­rante esos días, que Blas Pinar era el responsable de los atentados que cometía la ultraderecha espa­ñola, no directamente pero sí arengaba con su comportamiento a que la gente se tomara la justicia por su mano.

¿Aún hay que ir con cuidado?

Ahora la censura está en otros sitios. Hay una autocensura por­que, principalmente, tienes que seguir viviendo de esto. Los límites nos los ponemos cada uno. Yo no soy partidario de vulnerar los prin­cipios que marcan el buen gusto, la decencia entendida como el respeto a la intimidad de las perso­nas... También hay que saber en qué empresa periodística, para qué banco, en definitiva, trabajas.

(…) ¿El lector de hoy en día com­prende el humor gráfico?

Te voy a contestar a la gallega. ¿Tú conoces al autor de las carica­turas de Mahoma?

No.

¿Y el que hizo la portada de los príncipes de El Jueves?

¿José Luis Martín?

No, el autor de la portada es Guillermo. Fíjate lo que han tras­cendido estos dibujos, pero no se conoce a sus autores. No nos co­noce nadie, salvo cuatro obsesivos seguidores de nuestro trabajo, que saben los puentes que tenemos en nuestra dentadura postiza. Pero en general, le suena Mingóte a los más mayores, y los funcionarios recortan el chiste de Forges para colocarlo en su despacho, y poco más. Yo llevo 35 años en esto y no me conoce nadie. Hubo un tiem­po en el que los caricaturistas éra­mos un vehículo de los políticos en la Transición. Era nuestra ma­nera de meter el hombro, porque nuestro mensaje llegaba más pronto que cualquier editorial, en un país en el que siempre se ha leí­do poco. Nos utilizaron, y me pa -rece muy bien, y a estas alturas hay dibujantes de izquierdas y, afortu­nadamente, de derechas.

¿Cuál es el personaje que más juego le ha dado?

Va por épocas. Rajoy tuvo una precampaña que me llevaba a sacarle todos los días. Antes fue José María Aznar, al que le dediqué un libro cuando dijo que no se pre­sentaría a la reelección, ‘El libro de José’. ¡Fue una panzada a dibujar Aznares! En los últimos años de Fe­lipe González también lo dibujaba como un púgil desfondado, a pun­to de morder el polvo. Es el día a día el que te marca los personajes.

¿Y Zapatero?

Zapatero da juego en la medi­da que lo da. Es un hombre tan funcionario, y como el físico pare ce que le acompaña... Puede que esta segunda legislatura actúe de una forma más presidencialista, pero mientras no me dé motivos para situarle en el plano de la mal­dad, y hasta ahora no me los he en­contrado, le sitúo más bien en el terreno de la casualidad, de la sim­pleza... Me tiene que dar argumen­tos, quiero verle gobernar y creo que esta va a ser su legislatura.»

La periodista Mamen Eslava del diario El Día le practicó una entrevista muy corta que apareció, con foto más risueña, el mismo miércoles, y si bien únicamente le planteó cuatro interrogantes las respuestas de Sir Cámara fueron de lo más lúcidas. Reproducimos el núcleo de la entrevista al completo:

«¿Cuál cree que fue el papel de los humoristas gráficos en el Franquismo y durante la transi­ción?

Después de muchos años de profesión te paras en la cuneta a pensar en para que servimos, en cómo éramos y en como so­mos y te das cuenta que en aque­llos finales del Franquismo aportábamos algo porque fue una etapa muy dura y nos utili­zaron, y nos dejamos utilizar, para que el tejido social de este país se fuera movilizando. La opi­nión se hacía más digestiva a tra­vés de una viñeta gráfica o una tira.

¿Qué rumbo ha tomado ahora el humor gráfico?

Ha evolucionado mucho y eso es positivo porque gente que esta en una posición en otra se expresa, más o menos para­petada en medios de uno u otro signo, pero la pena es que no hay un vivero de nuevas pro­mesas porque no hay gente con habilidades plásticas y suficien­te criterio periodístico para trasladarlo a la opinión públi­ca.

¿No cree que haya cantera?

Hay gente que maneja muy bien el ordenador y la infografía pero yo considero el humor gráfico una subespecie del pe­riodismo, por ejemplo en Fran­cia se reconoce como tal con una asignatura específica. Aquí hemos sido los hijos pequeños y pobres, a los que sólo se nos pregunta cuando hay de por medio alguna buena causa.

¿Qué momento vive la profe­sión actualmente?

Estamos en un impass en el que unos hacen que hacen, los que hacen y dan permanecen ignorados, y al final, hemos quedado como elementos or­namentales, claro que unos con mayor repercusión econó­mica que otros (ríe). Para ser muy gráfico, el humor gráfico es como una preciosa nave que navega con muchos remeros en la bodega y dos o tres que van tomando el sol en la popa.»

Informó: Alberto González Martín

Fotografías: la superior fue la que constaba en el folleto de la UIMP, las restantes fueron tomadas por fotógrafos sin identificar por los diarios Cuenca y El Día, respectivamente

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