lunes, 17 de marzo de 2008

EL ROTO EN CUENCA

Andrés Rábago, alias 'El Roto', fue el protagonista del ciclo de humor gráfico organizado por la UIMP en Cuenca el día 11 de marzo de 2008.

Nacido en Madrid el 11 de diciembre de 1947, Rábago es, según lo presentaron los representantes de la UIMP: «un creador gráfico difícilmente catalogable, de un humor reflexivo y minucioso, que ha reconocido a Goya, Daumier, Solana y Groz como sus "santos patrones". Su estilo se caracteriza por la dureza de su trazo grafico y un cierto hermetismo en el tratamiento de los temas.» Durante los años del franquismo colaboró en revistas como La Estafeta Literaria, La Codorniz, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo o Hermano Lobo y periódicos como Pueblo y Hoja del Lunes. También ha colaborado en El jueves, Ajoblanco, Madriz, Tiempo, El Cuervo, Informaciones, Cambio 16, Diario 16, El Independiente o El Periódico de Catalunya. En la actualidad publica cada día en El País. Además de su actual seudónimo de "El Roto", o el de "Ops" usado en sus tiempos en Triunfo y Hermano Lobo, también ha firmado sus viñetas con los de "Jonas” o "Ubu". En su haber figuran galardones tan importantes como el "Francisco Cerecedo" o el de Humor Grafico "Quevedos".

Aparte de su labor como dibujante satírico, Andrés Rábago ha colaborado en la estenografía de dos obras de teatro, una del grupo Ditirambo y otra de Luis Matilla, y ha participado en el cortometraje de dibujos animados La edad del silencio. También ha ilustrado libros como Una modesta proposición de Jonathan Swift o las recopilaciones de artículos de Manuel Vicent Crónicas urbanas y No pongas tus sucias manos sobre Mozart. Como pintor firma con su apellido, Rábago.

Mas que como humorista se reconoce como practicante de la sátira, en la que el humor puede tener su aparición, pero de igual modo que otros elementos. Ha procurado reflejar la realidad social, siempre desde un punto de vista crítico y satírico, mostrando una vida plena de contradicciones. Sus viñetas representan la quintaesencia de verdades que difícilmente pueden expresarse de otro modo.

Durante su charla, según recogió el diario conquense El Día el miércoles 12 de marzo bajo el titular "El dibujo debe sostenerse solo" (redacción de M.S. Galindo), El Roto afirmó que los dibujantes deben ser francos y sinceros en su expresión, dejando hablar por sí mismo al dibujo.

Declaró durante su charla que sus intereses más profundos son: «la calidad del dibujo que es algo que se había perdido un poco y que la idea, el mensaje que se transmite, no sea tanto la reflexión sobre lo inmediato sino zonas de una mayor temporalidad, evitando las cosas que aparecen en primera fila y buscando lo que está en un segundo plano». En estSobre el panorama del humor gráfico actual consideró que está mejorando porque «se está recuperando la voluntad de trabajar con un tipo de dibujo que se sostenga por sí mismo, que no sea u mero apoyo a las letras o al texto (…) la experiencia nos dice que de los grandes dibujantes del pasado lo que ha permanecido y lo que se sujeta mejor es la parte gráfica.»

Al respecto de la polémica generada por una portada de la revista El Jueves en la que se veía a miembros de la realeza copulando consideró que ese no era un caso para reflexionar sobre los límites de la sátira o del humor gráfico, lo era en todo caso el incidente de las viñetas de Mahoma ocurrido hace dos años, que sí provocó altercados violentos y una reacción desorbitada por parte de ciertos líderes religiosos del Islam: «que yo sepa, la Casa Real no ha amenazado a ningún dibujante mientras que los islamistas sí lo han hecho (…) ha sido utilizado con unos fines políticos y de crear polémica. Lo más inteligente es evitar caer en esa trampa. (…) NO hay temas tabú, cualquier tema puede ser tocado y lo cierto es que tampoco hay que buscar problemas innecesariamente.» Y apostilló: «Yo creo que el dibujante debe saber que lo que dice puede molestar, pero eso no le debe impedir ser franco y sincero en su expresión si cree que eso es necesario.»

En el diario La Tribuna de Cuenca, El Roto fue entrevistado por Gorka Díez y de esa entrevista, publicada el día 12 de marzo, entresacamos los siguientes contenidos:

¿Cómo definiría su estilo, tan difícil de catalogar?

Sigo una línea tradicional, que probablemente parta de Goya, más en concreto de los dibujos de Los desastres de la guerra. Es una línea que podríamos llamar realista, es decir, hay poca caricatura, y sí una imagen realista de la situación, de los personajes y del entorno, a lo que se une un texto que pretende ser lo más resumido posible de manera que cale rápidamente en el lector con el fin de que éste tenga una idea clara de lo que se quiere decir y le ayude de alguna manera a perfilar sus propias ideas.

¿Se puede decir que usted es un dibujante que busca la reflexión?

Normalmente sí. Mi idea es dar algún apoyo a unos mecanismos de reflexión que son siempre frágiles. Creo que eso es algo sano para la sociedad.

¿Le inspira la actualidad?

Creo que el tipo de humor que en general se hace ya está demasiado anclado en el momento presente, así que intento llevar a cabo un tipo de sátira que vaya un poco más allá y abarque un tiempo y un espacio mayores. No me gusta ceñirme a lo que acaba de ocurrir, sino que mis chistes tengan una vigencia y temporalidad mayor. Creo que se tarda mucho tiempo en saber cuáles son los hechos importantes: hechos que parecen relevantes en el momento en el que ocurren a lo mejor no tienen importancia y en cambio otros que permanecen en segunda fila son los que a largo plazo tienen mayor trascendencia. Por eso es por lo que evito en lo posible ocuparme del acontecimiento del día.

(…)

Al contrario que muchos otros humoristas, usted no acostumbra a hacer protagonista de sus viñetas a los líderes políticos. Prefiere al hombre de la calle...

Es que yo creo que los políticos ya tienen un excesivo protagonismo. Los identificamos demasiado con los problemas de la sociedad, pero sucede sin embargo que ellos van y vienen, se intercambian unos por otros en el gobierno o en la oposición, mientras que los asuntos importantes, que nos atañen a los ciudadanos, permanecen tiempo después de que hayan desaparecido. Por eso intento evitar darles un mayor protagonismo. Creo que no es sano el excesivo ‘star system’ que tenemos de los políticos: los hemos convertido en auténticos divos. Prefiero que sean los personajes anónimos de la calle los que personifiquen las situaciones, personajes que muchas veces aparecen con las caras ocultas, o de espaldas, de forma que no se les puede identificar con individuos concretos.

En los años sesenta firmaba sus viñetas como ‘Ops’, y ahora lleva años haciéndolo como ‘El Roto’... ¿A qué se debe ese cambio de seudónimo y de estilo?

Digamos que voy siguiendo el proceso vital tal y como se me va presentando, procurando moverme de acuerdo con un movimiento interior que me lleva en una u otra dirección. ‘Ops’ nació en un contexto de dictadura y con los cambios que hubo en España su lenguaje demasiado críptico dejó de ser útil en una época de libertad de expresión y de democracia. Las circunstancias que le hicieron nacer habían desaparecido y por eso murió y emergió este segundo seudónimo que me está siendo útil en esta otra época.

¿Y no hay viñetas de ‘El Roto’ que le puedan salir a la manera de ‘Ops’? ¿No resucita en su trabajo artístico parte del seudónimo anterior?

Sí que surgen algunas ideas que tienen algo que ver con el ‘Ops’ antiguo, cuyo lenguaje estaba más dentro de una corriente surrealista, pero lo que hago es intentar desarrollarlas como ‘El Roto’, que es más realista. O bien, si se trata de ideas que tienen un calado más importante, las traslado a los territorios de la pintura.

Usted publica su viñeta diaria en El País, donde también trabajan otros seis dibujantes de humor de gran prestigio, como, por ejemplo ‘Forges’. ¿Hay rivalidad entre ustedes?

Yo creo que no. Cada uno hacemos lo que creemos que tenemos que hacer. Por otro lado, creo que es bueno que haya un número importante de dibujantes en la prensa en general, porque cuantas más personas trabajemos en esto más posibilidades hay de que alguno realmente destaque. Creo que el dibujo satírico es un lenguaje difícil y que lo importante no es intentar halagar o buscar la complicidad fácil del lector, sino ser exigente con uno mismo, lo que lleva a exigirle un esfuerzo al propio lector. Yo creo que es un esfuerzo que merece la pena. Es cierto que hay también un tipo de humor que es más, entre comillas, mercantil, que a mí me interesa menos. Pero, como hay muchos estilos, espero que entre todo algo quede.

El público parece seguir estando muy enganchado a las viñetas de humor de los diarios...

La verdad es que es algo que no lo sé muy bien porque no lo sigo muy de cerca. Digamos que yo me limito a hacer mi trabajo y no soy un estudioso del fenómeno del dibujante en la prensa. Así que ignoro el nivel que hay y también la aceptación que tienen. Pero en mi caso concreto sí puedo decir que por lo que percibo hay una relación con el lector. Pero, de todas formas, si no se diese esa relación yo seguiría haciendo lo mismo. De alguna manera creo que uno es hijo de su tiempo y representa a un sector de la población o de los lectores que tienen una forma pensar similar a la suya. Y mientras eso se produzca habrá conexión.

Tras la reciente reestructuración que se ha llevado a cabo en El País, parece que ahora usted ocupa el lugar de ‘Máximo’.

No creo que sea así. Los dos estuvimos publicando viñetas simultáneamente, cada uno en nuestra página. Él ha dejado de publicar por razones que desconozco y yo he quedado. Pero yo no creo que ocupe su lugar, sino el mío.

¿Y cree que tiene algún punto en común con ‘Máximo’?

Para nada. A mí me gusta mucho la elegancia y la limpieza del dibujo de ‘Máximo’, quien me parece un espléndido dibujante que viene de la línea del americano Saúl Steinberg, pero lo que hago yo procede más del estilo del francés Daumier. Son líneas y lenguajes plásticos completamente distintos, lo mismo que el enfoque. No tenemos nada que ver.

Como uno de sus maestros usted suele citar a Chumy Chúmez...

No es que sea mi maestro, porque yo no he tenido maestros contemporáneos, pero sí alguien a quien quise mucho y la persona que me dio entrada en una revista tan emblemática como Hermano Lobo desde sus inicios porque le gustaba lo que yo hacía como ‘Ops’. Gracias a él hice la primera portada de aquella revista, y además creo que Chumy Chúmez fue probablemente el mejor dibujante de los años setenta y ochenta. Su lenguaje era muy rico, potente, gráficamente muy bien estructurado, y siempre sentí una gran admiración por su trabajo. Pero los maestros no los tengo en el dibujo, sino en otras áreas mucho más próximas por ejemplo a la pintura o a los dibujantes de los siglos XVIII o XIX de la sátira internacional.

Entrevista a El Roto en Tebeosfera

Libros de El Roto:
• Los, hombres y las moscas (Fundamentos, 1971).
• La cebada al rabo (Cuadernos para el dialogo, 1975).
• Bestiario (Alfaguara, 1989).
• De un tiempo a esta parte (Ediciones de la Torre, 1991).
• Habas contadas (Promoción Popular Cristiana, 1994).
• La memoria del constructor (Diputación de Sevilla, 1998).
• La visita inesperada (Centro Cultural Conde Duque, 1998).
• El fogonero del Titánic (Temas de hoy, 1999).
• El pabellón de azogue (Circulo de lectores S.A./ Mondadori, 2001).
• Bestiario (Medusa Ediciones, Edición aumentada, 2002).
• El guardagujas (Cat. Exposición Universidad de Alcalá, 2003).
• El libro de los desordenes (Circulo de Lectores i S.A./Mondadori, 2003).
• El libro de los abrazos (Circulo de Lectores, 2004).
• Vocabulario figurado (Circulo de Lectores i S.A./Mondadori, 2005).
• El libro de los desordenes (Reservoir Books, 2006).

Fotografías: La foto de cabecera fue tomada por Reyes Martínez. La foto en color procede del documento con que la UIMP informó a los asistentes de su charla.

Informó: Alberto González Martín

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