viernes, 27 de enero de 2006

Sword, 1-5


SWORD, EL RESERVORIO DE LA FANTASÍA HEROICA

Se celebra estos días el centenario del nacimiento de Robert E. Howard, así como el septuagésimo aniversario de su muerte. Howard (1906-1936), creador de mitos literarios como Kull, Conan o Solomon Kane, inspirarían con sus creaciones series de tebeos de gran popularidad (cuando ya estaba probado su éxito como ejemplo de literatura de evasión) que luego saltaría a la gran pantalla para convertirse en un hito del cine de aventuras.
La intensidad de su literatura, por algunos motejada como vulgar, traspasó las críticas para instalarse en el imaginario colectivo como representativa de un género nuevo que no deja de fructificar. Para todos, su máxima creación fue Conan, por cuanto ha sido su personaje más aplaudido y más "comprendido", así como el más diversificado en distintos medios (libros, cine, tebeos, juegos, juguetes, ilustración), pero sus otros personajes también merecen una respetuosa y constante relectura.
Han sido muchos los que han querido revisar la producción howardiana a lo largo de los años, tanto en los EE UU como en otros países (sobre todo Brasil, Chequia, Noruega, Turquía y España), y de sus afanes surgieron publicaciones tan emblemáticas como Amra, Berserkr o Sword.
Sword tiene la particularidad de ser uno de los poquísimos, por no decir el único, fanzine dedicado en exclusiva a la obra de Robert E. Howard. Al menos en sus dos primeras épocas, cuando era una publicación confeccionada mediante fotocopias e impresa con aspecto amateur, que supervivió gracias a la incombustible afición de sus directores: el matrimonio formado por Carlos Yáñez e Isabel Pazos.
Sword fue un sorpresivo reguero de aciertos en aquellos finales ochenta en los que nació (casi andamos celebrando ya su vigésimo aniversario de existencia): reprodujo historietas y portafolios inéditos, reprodujo textos de literatos y pensadores relativos al genio de Cross Plains, introdujo portafolios nuevos, mapas, artículos sobre los cómics y los mundos de R.E. Howard, e incluso llegó a crear nuevas historietas protagonizadas por los héroes howardianos.
Con su tercera época dio el salto al prozinismo dado que Camaleón Ediciones (luego La Factoría de Ideas) editaría sus páginas en papel cuché y con buenas tintas. Allí volvió sus ojos hacia las producciones propias que había querido su director distribuir por los mercados nacionales e internacionales y nació Sword como personaje: un bárbaro tatuado que no dejaba de ser un trasunto de Conan y que vivía en su mundo, una Era Hyboria reconstruida con anagramas.
Ahora, desde hace casi un año, está a la venta la cuarta época de la publicación Sword, editada por el sello Aleta. Esta cuarta época es, con mucha diferencia, la mejor de todas en cuanto a calidad de edición y una de las más interesantes en lo referente a los contenidos, que se han alejado de la erudición sobre los mundos howardianos para aposentarse en la difusión de aventuras de fantasía heroica. En la actualidad Sword es, pues, en esencia, un tebeo de bárbaros.
Sorprendió a todos con lo publicado en su número 1: El Tesoro de Akem-Lizar, una historieta larga al estilo de las míticas aventuras que Roy Thomas creó para la primera época de The Savage Sword of Conan, dibujada por unos pletóricos Benito Gallego y Jafar, una aventura magnífica que en principio iban a vivir Conan y Red Sonja y que optó a los mercados extranjeros sin éxito porque... estaba producida previamente a los planes editoriales. Los números siguientes prosiguieron con esa tónica: aventuras de bárbaros disfrazados de otros bárbaros, de calidad media (los relatos cortos de bárbaros siempre me han parecido en exceso simples dado que no hay páginas suficientes para regodearse con lo fantástico) aunque bien dibujados por lo general.
El incombustible Yáñez ha conseguido hacer de los últimos números de Sword ejemplos de revistas de bárbaros que todo editor envidiaría. En el núm. 3, aderezado por una impactante cubierta de RyP [es la que encabeza este artículo], reprodujo la historieta de Conan "La Reina de la Costa negra", en su versión de Petri Hiltunen que (espero me perdonen los puristas) podría considerarse como la mejor adaptación al cómic -de las tres existentes- del espíritu de Robert E. Howard en aquel relato. Fascinante, mórbido, oscuro, absolutamente imprecindible para cualquier amante de la fantasía en general y de R.E. Howard en particular.
Con el núm. 4, Sword nos brindó una portada de lujo (de Gallego) y un número que demuestra que de la savia joven se pueden sacar historietas potentes: jóvenes recién llegados al mundo del cómic colaboran en este número dibujando unos bárbaros no menos interesantes que cualesquiera de los aparecidos en los EE UU en los últimos diez años: Antonio Verdugo, Manuel Díaz, Jafar... y con el regalazo de una historieta de Barry Windsor-Smith en color para el encarte central. En el núm. 5 ha seguido dibujando Gallego historietas de bárbaros con el hálito de Buscema a su espalda.
Constituye todo un lujo contar con una revista así en el mercado español, cuando el mito Conan aún no se ha mitigado. En este año de celebración de la vida y la muerte de Robert E. Howard, es buen momento para volver la mirada sobre revistas como ésta, que nos muestra, en esencia, el valor de eso precisamente: de la vida y de la muerte.

Tebeosfera recibe servicio de prensa de Sword.

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