sábado, 24 de noviembre de 2007

EL BEOWULF DE GAIMAN

Beowulf de Zemeckis y Gaiman. ¡Magnífico!

Reseña por Manuel Barrero

Bizquean.


Los personajes de esta película de Robert Zemeckis bizquean. Es este uno de los pocos defectos que deslucen esta fastuosa película de ánimación, que marca posiblemente uno de los rumbos a seguir por el cine de fantasía épica o heroica.


La resolución técnica de la imagen de esta cinta es espectacular y sobrecogedora. Los escenarios son impresonantemente vívidos y los personajes se han recreado tras filmar a actores de gran solvencia con sensores que registraban su gestualidad e interpretación, supuestamente. Lo logra hasta cierto punto. Reconocemos la mirada cansada de Anthony Hopkins, el desprecio taimado de John Malkovich, la promesa sensual de Angelina Jolie... pero algo falla en los planos primeros. Y no son las cuidadas texturas, son las cargas emocionales que sostienen las pupilas y su correcto enfoque sobre el otro personaje. Son los casi imperceptibles movimientos musculares que el rostro orquesta cuando afloran las sensaciones humanas.

Esto es lo único que afea a esta película memorable, la falta de credibilidad de algunos de los personajes, sobre todo secundarios, y la general general rigidez de los torsos, espaldas y antebrazos de los secundarios. Es evidente que la técnica tiene un límite y que no se podían cuidar al extremo los detalles de todos y cada uno de los seres animados que pululan en esta historia claustrofóbica de gloria y muerte. Algunos de los soldados daneses o de las mujeres que aparecen permanecen como estatuas plastificadas, tan faltos de naturalidad como un clic de Famobil. Este mismo problema lo acusan algunos guerreros en las escenas de lucha, renderizadas sobre la base de un mismo modelo que evoluciona en tiempos diferentes.

Por lo demás, Beowulf puede ser considerada, ya, un día después de su estreno, como una de las mejores historias de fantasía filmadas de todos los tiempos, con una puesta en escena impactante, una resolución sobrecogedora y un guión denso y emocionante. Porque el guión, por fortuna, ha sido desarrollado por un escritor de gran calidad, uno muy querido por los aficionados al cómic: Neil Gaiman. Con su concurso (junto al guionista Avery, bastante dotado para el drama) Beowulf se hilvana con la materia de los sueños, como otros guiones de este mismo autor, de quien se recuerda sobre todo su paso por Sandman, obra de historieta fantástica multipremiada y multileída (y nunca lo suficiente) en la que confluyeron multitud de referentes culturales, detalles históricos y mitológicos. Este Beowulf también es un vertido de textos y referentes que permite varias lecturas: la meramente efectista (del cine salía una pareja comentando: "bah, una de efectos especiales"), la puramente aventurera o para el entretenimiento (es una cinta de acción verdaderamente trepidante), o la fiel al mito adaptado y al contexto histórico. Aparte, está la lectura subterránea, la de los guiños y las concesiones, esa que se hace con la mirada del antropólogo, o la del autor trágico, la del escenógrafo, la del versado en referentes básicos de la cultura popular. La película, en este sentido, es un crisol magníficamente planificado.

La obra en que se basa, Beowulf, es uno de los textos pioneros de la literatura considerada fantástica. En realidad se trata de un poema de carácter épico, anglosajón y escrito en lengua vernácula europea (lo cual se homenajea a mitad de la película, cuando se representa la lucha con Grendel mediante actores). Nos cuenta la historia de un reino amenazado por un monstruo, llamado Grendel, y como un héroe, de casta y legendario, Beowulf, surge del mar para hacerle frente y tomar las riendas del gobierno del lugar. Con el paso del tiempo, este mismo héroe debe hacer frente a un dragón que pone en peligro las estructuras de la emergente civilización. La relación íntima de esta película con aquel poema es su propia naturaleza mixta, pues se cree que el Beowulf original consistió en una fusión de la mitología escandinava pagana con elementos del cristianismo que iba extendiéndose por Europa inexorablemente desde su implantación en Roma. También detectamos fidelidad al cantar original en la propia estructura de la cinta, claramente dividida en dos partes (Beowulf joven, impetuoso y gallardo, da paso al Beowulf viejo, melancólico y crespuscular), con la obra original, cuyos 3.182 versos disponen de una cesura a mitad de obra.

El discurso literario original es lúgubre y está cargado de metonimias y metáforas, y de frases secas y restallantes, lo cual en parte halla reflejo en los brillantes diálogos de los guionistas de esta película. Y por una vez se arroja una mirada completa a la vida del rey escandinavo, no como en adaptaciones anteriores, que se completa con el entretejido de relaciones familiares (de bastardía, de compromiso, de estirpes monstruosas) muy enriquecedoras para las subtramas de la aventra filmada. Así, a Grendel se le dibuja como un ser repugnante y terrorífico, y capaz de provocar gran mortandad. Pero también aparece como un producto híbrido de hombre y bestia, con cierto retraso mental, increiblemente sensible y muy necesitado de afecto (además, no tiene verga). Su ternura es apenas perceptible, pero aflora en sus ojos en algunos momentos de la cinta. Su madre, por el contrario, es cruel y maléfica, la más indiscutible representación del mal, que vive en una especie de gruta orgánica, engastada de joyas, y se conduce como las sirénidas, recubierta de lodo y con el ademán anfibio. Es posible que los guionistas fueran quienes señalaron que su efigie entrevista nos recordase a las peores pesadillas de Lovecraft. El dragón, finalmente, conculca las dimensiones de los reptiles asiáticos y los feéricos europeos, bien que Gaiman le da carácter humano (por su pequeño corazón, por la transformarción a su muerte deudora de su vinculación 'familiar' con Beowulf).

Al igual que los monstruos, los héroes y gobernantes de esta historia están logrados: un rey cansado que arrastra un fuerte sentimiento de culpa, una reina enojada incapaz de perdonar, un consejero malévolo y descreído, un guerrero ególatra y exhibicionista, un lugarteniente cuerdo y consciente... Se dan cita en la construcción de personajes Shakespeare y Cervantes, al menos, pero también muchos demiurgos más. La historia resultante es una excelente mezcla entre el atronador rugido de las gestas de fantasía heroica, una gotas de los cantares de gesta y sus parodias, las novelas de caballería, y con fuertes dosis del típico drama trágico shakesperiano. El genio de Avon constituye una de las figuras creativas más querida por el guionista principal de esta cinta.

En efecto, algo huele a podrido en este rincón de Dinamarca, que pronto se nos revela estrecho, como un escenario teatral (la sala de celebraciones, la cueva de Grendel y la costa son los backstages escogidos). Como Shakespeare, Gaiman también goza mezclando mito, leyenda, historia y cuentos populares, y con eso va punteando brillantemente el guión de esta película. Como el Bardo, Gaiman construye un fresco pseudohistórico en el que las leyendas se organizan sobre los cimientos de la credulidad y con los andamios de la vanidad de los que optan a ser héroes. Este ha sido uno de los caminos más hollados en la narrativa para analizar la condición humana, y aquí se hace barajando las cuestiones relativas a los deseos de gloria, al reconocimiento de los propios héroes, y a la búsqueda del perdón a través de la autoinmolación. A la reconciliación con uno mismo, como en la inmortal La Tempestad shakesperiana.

Recordemos en este punto que la narrativa con forma de epopeya vivió una fuerte transformación durante el medioevo y en los cantares de gesta, por ejemplo, empezaron a escasear los elementos fantásticos. La Chanson de Roland gala, el Nibelungenlied alemán, el sajón Beowulf o el Cantar de Mío Cid, contenían alusiones a seres de los bosques, apariciones, duendes, brujas, dragones, pero la presencia de lo preternatural en ellos ya no era tan temible como en los mitos clásicos. Este tipo de narraciones gloriosas fueron haciendo acopio de otras leyendas existentes, y de hechos históricos, que fueron despintando la importancia de lo sobrenatural. De ahí que resulten tan interesantes en este Beowulf las alusiones a la implantación del cristianismo en la zona, que se manifiesta en el cuerno dorado (acaso alusión al bíblico Rosh Ha-shaná, entrelazado con la idea de la proclamación de Dios como rey) y es mas evidente y completa cuando el dragón se manifiesta como una figura demoníaca cuya primera acción es quemar una iglesias, la Casa del Señor de los cristianos.

Esta mirada no es inédita. En la versión cinematográfica del poema sajón rodada por Sturla Gunnarsson en 2005, Beowulf & Grendel (protagonizada por el que sería luego 'icono gay' y 'fascista espartano' en la reciente 300), atendimos a una deconstrucción de la fantasía épica que trazaba una descripción de la estructura social danesa en aquellos tiempos en que el cristianismo trataba de alejar las brumas de las creencias paganas. Recuérdese el tratamiento que se daba allí a la figura de los trolls, y así identificaban los lugareños a Grendel. Este tratamiento descarnado del mito, en esta cinta de imagen real, llegaba a explicar racionalmente la presencia demoníaca de la madre, que surgía del mar para, a la postre, lanzar el mensaje de que a la iglesia cristiana le interesó sostener el temor a la leyenda. El resultado no fue tan bueno entonces, pero al menos superó con creces los anteriores intentos de adaptar Beowulf al cine. Recordemos la macabra Beowulf (Graham Baker, 1999), película maquillada como ciencia ficción en su estreno, protagonizada por un descreído Christopher Lambert de la que sólo se recuerdan los bostezos que provocó. Y no está de más aludir a la coetánea The 13th Warrior, basada en un libreto de Crichton, que planteaba un relato heroico donde el terror era la mecha de lo fantástico y que se apoyaba en esta misma estructura mítica (el reino del norte aquejado por unos demonios, que eran bestias humanas; el héroes foráneo; el juego de estirpes y poderes). Este enfoque estructuralista lo pudimos atisbar también en producciones como Beauty and the Beast (2003) o hasta en el King Arthur de 2004.

En la producción de Zemeckis esta mirada se diluye con una rendida admiración demostrada hacia el elemento fantástico. Las creaciones feéricas y monstruosas de Gaiman colman las expectativas del que acude al cine y recrea unos seres de pesadilla que a todos nos dejan atónitos. Grendel es aberrante y frágil a la vez, construido como un cadáver mongólico, lleno de fisuras y rasgos de fealdad... provoca más asco que compasión, pero ambas emociones acaban anidadas en el espectador. Su madre surge de una mezcla del mito irlandés de la banshee y de la griega arpía, pero nos muestra el rostro jugoso de Angelina Jolie y un cuerpo perfectísimo generado por ordenador que colmaría los deseos de cualquier occidental actual. Se procede así para representar la seducción y dominación del insobornable Beowulf, claro, pero la efigie de la villana nada tiene que ver con los gustos de la época. Si acaso por los pechos, abundantes, pero son demasiado esféricos y erguidos, y su trasero resulta demasiado prieto y pequeño para el gusto medieval. ¡Y atención a los 'tacones altos' que brotan de sus talones, en el plano de presentación, un un guiño fetichista que está de más. No es el único detalle que chirría momentáneamente en la película.

También hay algún momento extraño en la cinta, que no acaba de encajar con el desarrollo de los acontecimientos. Por ejemplo, ¿que hace Beowulf desnudo como un beefcake de gimnasio en la sala mientras sus hombres vociferan? ¿cabe asociarlo con los berserkr que iban despojándose de prendas en el fragor de la batalla o con un saunístico homenaje a Tom of Finland? ¿Para qué el diálogo del guerrero que quiere clavar su falo poderoso ansioso en la joven tetuda; o es un homenaje a los entremeses cómicos del teatro del diecisiete? ¿y qué significa la tensión aparente que al final se intuye entre la reina y la querida de Beowulf, cuando ambas forcejean en el puente por no caer (o por querer que la otra caiga)? Supongo que en este caso es una consecuencia de la falta de expresividad de la pátina virtual que recubre a las actrices.


Empero, estos leves detalles no enturbian el resultado final: un guión estudiado, complejo y entretenido, consecuente con el mito clásico al mismo tiempo que con el ritmo exigido por el devorador de ficciones actual. Una película completa, cargada de significados y de momentos visualmente brillantes (qué maravillosamente poético resulta el epitafio a la muerte de Beowulf, con esa cascada de fuego que cubre su barco-tumba), con la dosis de acción justa, con los momentos de tensión sólidamente entrelazados, con las traiciones y las culpas perfectamente reflejadas. Y, siempre, con la gesta aventurera estremeciéndonos, con la mayor muestra de heroísmo (juvenil y crepuscular) que hemos visto en la gran pantalla durante mucho tiempo.


Una lástima sería que la crítica hiciera hincapié en su estructura visual, sin duda espectacular pero aún algo artificiosa, y no en la labor de escritura que la sostiene. Por ésta merece ser considerada una de las mejores películas de aventura y fantasía de los últimos tiempos.

Ya quisiéramos, ya, que se escribiera así la prevista nueva adaptación de Conan para 2009...



Anexo. Beowulf en los cómics.


El personaje, pese a su carácter fundacional, no ha vivido adaptaciones de calidad a la historieta. Le vimos asomar, sonriente y campeñacho, en Conquest (Famous Funnies, 1955), junto a otros héroes legendarios europeos. Pero llevó el nombre de Beowolf y llevó la pinta del 'bárbaro' ataviado a la usanza vikinga que se integró en aquella corriente bastarda del 'viking fantasy'.

Adaptación más respetuosa fue la de DC: Beowulf Dragon Slayer, de 1975, que en el momento en que nació fue etiquetado como tebeo de espada y brujería. Aquella serie fue escrita por un (presunto) entendido en mitología centroeuropea, Michael Uslan, y dibujada por el entonces recién llegado de Sudamérica Ricardo Villamonte. Ambos consiguieron una obra muy libre en su interpretación del poema, en la que el protagonista se enfrentaba a Grendel con indumento y espadón propios del héroe de la fantasía heroica. La serie, algo tétrica en su resolución, se mantuvo en el mercado hasta el número 6 tan sólo.

Diez años después, First Comics aceptó publicar una nueva adaptación de este relato legendario que había hecho Jerry Bingham. Aquella obra, titulada como el personaje fue una de las graphic novels pioneras, una nueva fórmula por entonces de editar cómics para el público estadounidense (no así en Europa) que no destacó precisamente por su calidad como guión de historieta, aunque gozó de un dibujo interesante.

Al personaje lo hemos visto más recientemente, acaso a rebufo de su presencia cinematográfica, puesto al día por el sello Speakeasy Comics. El comic book Beowulf de este sello canadiense apareció en 2005 y lo escribió el popular Brian Augustyn, que restauraba no sin acierto al héroe de la fantasía épica europea para situarlo en nuestra época. Pero la serie sólo alcanzó los siete números porque la editorial quebró en 2006. El año pasado, precisamente, el personaje volvió a aparecer en la serie Runes of Ragnan, creada por Ty Gorton y Josh Medors para Image, que también se desarrollaba como una 'dark fantasy' urbana.

Cabe recordar un producto británico para terminar, que no es fiel adaptación de esta ficción pero que tiene puntos de conexión con la película de 2007. Me refiero al tebeo de 1993 Legend (editado por Comic Speedline), un libro de historietas inspirado en una obra literaria de David Gemmell, de su ciclo Drenai, que para la ocasión guionizó Stan Nicholls, un escritor de sagas épicas y fantásticas del Reino Unido que a veces había adaptado novelas al cómic. Lo dibujó el ilustrador de fantasía Fangorn (seudónimo de Chris Baker), con tal espectacularidad que se ganó el aplauso de The Times en su edición alemana. La historia narra el acoso de una horda bárbara a la inconquistable ciudad de los seis muros Dros Delnoch, en el extremo del imperio decadente de Drenai. El héroe, Druss la Leyenda, que así se llama, es el único guerrero con carisma suficiente como para inspirar valor a los defensores pero... cuenta ya con 60 años de edad. En su proceder, al contrario que en su gallarda juventud, alberga dudas y las manifiesta en un escenario decadente entreverado de tensión épica. Una fantasía crepuscular a recuperar.

Ficha de la película:
Beowulf, Robert Zemeckis, 2007
Guión de Neil Gaiman y Roger Avary
113 min., estrenada el 23-XI-2007
Más datos técnicos en la IMDB

Reseña y artículo de Manuel Barrero

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