jueves, 20 de marzo de 2008

RECUERDOS DE ROBERT CRUMB


R. CRUMB. RECUERDOS Y OPINIONES

La primera edición de este grueso libro que repasa la vida del gurú del underground estadounidense y que se publicó por fin en España a finales de enero, hace cosa de dos meses, fue sonada. Tras años de reclusión en un pueblecito francés, saliendo lo justo para la media docena de exposiciones que le han montado en Europa, Peter Poplaski convenció a Crumb de lanzar un libro nutrido con las conversaciones mantenidas entre ambos a lo largo de muchas horas, el cual fue aderezado con un nutrido grupo de fotos, ilustraciones, viñetas, carteles, muchos dibujos inéditos de Crumb. El libro fue editado en 2005 y se lanzó con gran despliegue mediático, con los Crumb (él y su inseparable esposa neumática Aline) protagonizando una tournéela Global Rhythm.


Tras aquello, los editores del libro declararon quiebra y desaparecieron sin pagar una libra a los autores. Dos años más tarde, la traducción que en España se había pactado en 2006, ha visto la luz en una edición decorosa en las formas aunque con algunos defectos en el fondo. Por ejemplo, erratas. Por ejemplo, la rotulación de los textos de las viñetas es espantosa. Otro por ejemplo, algunas reproducciones salen demasiado movidas. Y un último por ejemplo, los tres traductores hacen malabarismos con el diccionario y nos encasquetan palabros como “aprodó” (página 86), “enjaretado” (69), “goliárdico” (200), y en este plan.
promocional desusada para ellos. En el Reino Unido, donde Press les publicó, todo fueron halagos: la prensa inglesa se volcó con reseñas laudatorias, les organizaron fiestas para el lanzamiento del librazo, y en los EE UU hasta llamaron a críticos de arte para comparar al padre de Mr. Natural con Bruegel y esas cosas (que Crumb declaraba odiar tanto en su libro, precisamente).

No importa, porque a la postre es un buen texto. Robert Crumb (Filadelfia, 1943) se revela aquí, con ayuda de su amigo Poplaski, como un espíritu libre de vasta cultura y una gran sensibilidad para la comunicación. En el apasionante aunque corto relato de su vida que nos brinda en este grueso libro, leemos entre líneas el grave peso de la religión en su infancia, el constante fustigar del pecado, la insistente presencia de su madre o la dominación ególatra de su hermano (malhadado el pobre, como pudimos comprobar en el documental sobre la vida del dibujante firmado por Terry Zwigoff). Leemos cómo creció intentando vivir sujeto a un episodio de Laurel y Hardy, vistiendo aquellas ropas de dos décadas atrás, simulando adaptarse a las costumbres retrógradas y racistas de Milford, donde residió una temporada. De aquello quedó el eco del jazz, que nunca ha abandonado.

Qué interesante resulta conocer cómo él y su hermano confeccionaban siendo chavales sus propios cómics, los titulados Foo!, tebeos completos, en tiradas de 300, grapados y vendidos de puerta en puerta o en su instituto… sin éxito. Qué paradójico resulta conocer su facilidad para pintar al óleo y su gran capacidad para el naturalismo (obvia por otra parte al mirar con atención los fondos de sus viñetas). Y qué simpático saber que su vida profesional arrancó en una empresa de tarjetas postales humorísticas o románticas que él dibujaba y pintaba delicadamente hasta que se cansó de todo y huyó.

Crumb huyó de todo en 1967. De su esposa primera, de los convencionalismos, de lo aceptado, de la seguridad, de su madre, del miedo inextinguible a la figura de su padre, de sí mismo. Y, claro, la huida terminó en la droga, entre los hippies de San Francisco. A partir de ahí, todo es historia: intentos de publicar historietas en plena florescencia underground, éxito con sus personajes más conocidos (todos creados bajo los efectos del consumo de LSD), trabajo, trabajo y trabajo. Sí, porque mientras los colegas y los amiguetes de los allegados se drogaban en su salón o follaban en su dormitorio, Crumb trabajaba y trabajaba constantemente. Su prolificidad no declinó jamás.

Crumb nos relata aquello con cierta tristeza. También con furia, sobre todo al rememorar cómo la movida underground fue rápidamente fagocitada por el sistema y las industrias culturales para hacer de toda aquella frescura un atractivo producto de consumo. Por eso Crumb mató a Fritz el gato, harto de que lo consideraran un representante heroico de los cómics antisistema. Por eso Crumb siempre renegó de las adaptaciones cinematográficas y teatrales de sus personajes (cuatro al menos). Por eso Crumb tildaba de estúpidos a los que no entendieron la mayoría de sus mensajes, como el ‘Keep on truckin’, que pretendía hacer pasar por lelos a los ciudadanos comunes y estos se lo apropiaron como un emblema de su propio optimismo capitalista. Por eso, en fin, Crumb ningunea a los elitistas que le compararon con grandes pintores o que han analizado sus obras de historieta como obras de arte. Todo vano. Todo basura.

Hay un momento del libro en el que Crumb habla de “astracanadas sin pretensiones” cuando cita ciertos tebeos que le influyeron, en otro párrafo define los comic books de acción y superhéroes como simples muestrarios de bofetones puestos ahí por “fuerzas de opositores”. Crudo y veraz, Crumb, con ayuda de Poplaski, nos brinda en este libro un rato largo de lectura muy grata sobre la vida de un icono de la contracultura estadounidense, la descripción de un fetichista obsesionado por el sexo, la sombra encorvada de un hombre frágil que usó sus fobias para llamar la atención sobre sí mismo…y, al mismo tiempo, algunos párrafos de biografía vibrante y reveladora, como éste:

«En noviembre de 1965 tuve un mal viaje y el bajón me dejó chalado e inerme durante seis meses. Mi cabeza solía adentrarse en un espacio como vibrante y electrificado, repleto de visiones crudas, incendiarias, de un caricaturismo hampón, esperpénticas. La vida de cada día presentaba un matiza mecánico de pesadilla en todos sus aspectos. Mi ego andaba tan crujido y despedazado que ni siquiera se hizo notar en aquel período que fue el más inconsciente de mi vida. Puse el piloto automático y sequía dibujando sin parar.

La mayoría de mis personajes más populares –Mr. Natural, Flaky Foont, Angelfood McSpade, Eggs Ackley, The Snoid, the Vulture Demonesses, Av’n’Gar, Shuman the Human, the Truckin’ guys, Devil Girl- se materializaron de pronto en mi bloc de aquel período, a principios de 1966. ¡Asombroso! Cuando todo acabó fue un alivio, pero enseguida pasé a extrañar aquel estado de ego inexistente del interludio extraño. El LSD me colocó en otro sitio. NO sé muy bien dónde. Sólo sé que era extraño. Las sustancias psicotrópicas me liberaron de mi programación social. La experiencia resultó positiva, aunque traumática, y es posible que todo aquello e dejara dañado permanentemente. No sé.»

Ya leído todo Crumb gracias a la diligencia con la que La Cúpula, sus mejores editores en España, nos han venido sirviendo toda su obra, sólo nos queda esperar su opus magna, ésa en la que lleva trabajando los tres o cuatro últimos años: una versión dibujada del Génesis que mucho nos tememos que disgustarán tanto a judíos como a cristianos como a musulmanes. Porque coitos sobrarán a ojos de todos. Y porque Dios no tiene cara. Aunque para Crumb tiene cara y culo, y posiblemente coño, como la Muerte que ya le ronda.

Es él quien lo dice en este librazo que sabe a vida pasada y resuena a testamento.


R. CRUMB. RECUERDOS Y OPINIONES
Peter Poplaski y Robert Crumb
Global Rhythm Press
Libro en cartoné de 440 páginas en color, 35 euros
Incluye un cedé con temas musicales de Crumb y su grupo

Texto promocional editorial:

“R.Crumb recuerdos y opiniones es una nueva aproximación a la vida, las tribulaciones y las ideas de uno de los dibujantes de cómics más influyentes de los últimos cuarenta años. Una biografía visual irónica, autocrítica y cándida, que nos conmueve al tiempo que nos desvela los secretos mejor guardados de uno de los iconos culturales de la contracultura norteamericana. Crumb nos ofrece aquí una visión reflexiva y clarividente de la cultura popular del siglo XX repleta de humor, sátira y provocación, y nos muestra sin ambages los puntos débiles de la vida moderna, una pesadilla urbana de flaquezas, lujurias, angustias y crueldades que bajo su lupa burlesca se agrandan y adquieren proporciones monstruosas. Entretejido a esta crítica, discurre el relato surrealista de su peripecia vital, desde su atormentada infancia en los años cuarenta hasta la actualidad, pasando por su primera madurez artística durante la revolución psicodélica de los sesenta. Con más de 50 fotografías personales y 300 ilustraciones extraídas de cuadernos de bocetos, libros de cómics y exposiciones, R. Crumb recuerdos y opiniones cuenta las cosas como son.”

Reseña de Manuel Barrero

IRONWOLF. LAS LLAMAS DE LA REVOLUCION


IRONWOLF – LAS LLAMAS DE LA REVOLUCIÓN. El ascenso de Brian.

Por Antonio Santos (de su serie La voz en el desierto, entrega 42)

No se corta WALTER SIMONSON (el de la firma/dinosaurio) admitiendo en la introducción de este ejemplo del término LITERATURA GRÁFICA las influencias que lo revisten. No es un detalle baladí o menor. Nos han acostumbrado a reseñas sobre tebeos cuyas raíces se hunden en un fértil légamo de referencias ajenas al género pero que, con maliciosa astucia, el reseñador decide omitir, o bien sirven para exponer el alcance de su ignorancia, encumbrando a los autores del tal tebeo a un panteón inmerecido, al menos, por esos logros, imputables a otros.

Datos técnicos.-

Ironwolf – Las Llamas de la revolución. Novela gráfica de EDICIONES ZINCO, 1993 (recientemente, NORMA EDITORIAL la reeditó.) Sobre el material precedente de HOWARD CHAYKIN, guión de éste y JOHN FRANCIS MOORE. Ilustrado, con cavernoso detalle, por MIKE MIGNOLA y entintando con parejo talento por P. CRAIG RUSSELL. Coloreado por RICHMOND LEWIS (del cual nunca más se supo) Traducido por ERNEST RIERA. Rotulado por MARÍA TERESA BARREDA. Coordinado por MIGUEL ÁNGEL SAAVEDRA. Contiene 102 páginas, tapas de cartón y camisa de papel satinado. Otrora costó 1.975 pesetas.

De qué va.-

Brillante SPACE OPERA CAINITA STEAMPUNK con pinceladas de LA ISLA DEL DR. MOREAU y vampiros elitistas, vibrantes duelos a espada y golpes de estado líricos por mor de proporcionar paz, progreso y prosperidad al proletariado.

He ain’t heavy, he’s my brother.-

Ironwolf es una vertiginosa y amena aventura llena de resonancias épicas que nos permite admirar, en todo su esplendor, las muchas y encomiables virtudes que acumulan sus planchas. Fuerza a sucesivas lecturas; tras cada una, surgen más y más detalles, expandiendo su grandeza hasta fijarla con fuerza entre las constelaciones de los mitos gráficos.

El lector encontrará que la obra, pese a las motivaciones políticas esbozadas por BRIAN IRONWOLF (el protagonista, trasunto espacial del CAPITÁN BLOOD, aturdido ERROL FLYNN marxista con tics de ROBIN HOOD, revolucionario de salón, noble yonqui de la adrenalina que aportan los deportes de alto riesgo), son mera excusa para chinchar, en su lucha, a TYRONE, su hermano, un feudalista acendrado devoto del IMPERIO GALACTIKA de la supina emperatriz ERIKA Muchos Más Nombres y Títulos. Brian y Tyrone disputan su heredad, y el primero decide arrasarla antes de que nutra, con sus riquezas, el estatus de Tyrone y las arcas de Erika (menoscabando, de paso, los intereses de los revolucionarios, quienes codician tales riquezas con un encomiable –e hipócrita- espíritu capitalista.)

Son tiempos turbulentos para el tambaleante imperio que se traslada por el espacio en vistosas/barrocas naves de madera, ataviados sus ocupantes con uniformes y galas DIECIOCHESCAS, como si Chaykin quisiera recordarnos el carácter caprichoso y cíclico de la Historia. Entre el ruido de los sables zumban las pistolas de rayos láser, conformando un casi rococó marasmo de influencias, estilos y períodos mezclados por mor de la grandeza épica de la trama, enfrentando a un puñado de libertarios enardecidos contra un imperio tiránico cuya flota es capaz de superar la velocidad de la luz pero no logra dar pan a la población.

Puede hacerse también así, Frank (Herbert).-

Intuimos que Ironwolf salió de un ataque de ansiedad que Chaykin tuvo tras leer DUNE, novela la cual aporta considerable material de referencia, a saber: el escenario, los complots aristocráticos incesantes, el fastuoso vestuario, digno del CARNAVAL DE VENECIA, cubriendo el batiburrillo religioso con un barniz político revolucionario. La ambiciosa y taimada Erika, anhelosa de una inmortalidad que proporciona una costosísima droga, se apoya en la fría e inmortal raza de los vampiros que componen su guardia pretoriana y menudean por su corte (en limitado pero decisivo número). La traición emerge: tanto en la tripulación del temerario Ironwolf como en la corte. Por sus razones, también los vampiros juegan con la emperatriz, que no está tan a salvo como pretende creer.

Este Universo pivota, a su vez, sobre la inflexible y fría tutela de OMICRON, planeta/fuente de una hipertecnología codiciada por el provinciano Imperio. Los omicroneses efectúan incursiones entre sus más rústicos vecinos, a los cuales tratan con altiva condescendencia. Pese a adornarse de una eminente ética, no tienen reparos en mutar a los felinos, transformándolos en su ejército contra los vampiros, unas criaturas definidas ya como los temibles e hieráticos enemigos de un HELLBOY en ciernes. Parece ser (intuimos) que Mignola, recién salido de la versión en cómic del DRÁCULA de COPPOLA, cuyo material referencial refunde en estas planchas, aportó algo más que su llamativo talento, su encomiable/envidiable habilidad para fijar la mancha negra (diligentemente entintada por Craig Russell con rigurosa precisión, índice de su propia capacidad). Sus vampiros, perversos y solemnes, son rápidos, fuertes y decisivos cuando deben, aristocráticos y apabullantes todo el tiempo, muy diferentes de la locura PUNK que hallamos en el delirio de BUFFY: esperpentos brutales definidos por unos tópicos desgastados y nauseabundos por su constante reiteración.

El personal de Omicron, por su parte, también va despachado. Recuerdan esas corporaciones/estados tecnocráticos de ASIMOV, cretinos ilustres de dudosa moral/ética frente a los aristócratas ilustrados del pueblerino Imperio Galáctika. Chaykin, al parecer, sanea la habitación atestada de caducos cacharros, trocados tópicos sacros e intocables. Ha tenido la habilidad de recoger lo más granado del referente y viviseccionarlo, mostrándonos dónde falla y por qué: Vale, Dune puede ser solemne clásico reputado y tal, ¡pero también abrumadoramente aburrido! ¡Os voy a enseñar que se pueden hacer cosas así de forma divertida, sin perder un ápice de calidad! Y lo logró.

Porque el bien triunfa (al menos, en los tebeos).-

HOMER GLINT, el narrador, bosquejo de medio pelo de MARK TWAIN, resulta sumamente irritante. Con tolerancia de alta intensidad, podemos concederle una faceta satírica o de homenaje, pero cuesta verlo (Glint es invidente, como RHYSLING, el cantor ciego de las rutas del espacio, precio que pagó por ser testigo del ascenso de KAREL, deidad del imperio… y nombre del Papa en 1992: ¿casualidad o befa?). Molesta su pose de socarrón cínico en plan yo-lo-sé-todo-y-por-descontado-y-por-anticipado y su ya-te-lo-decía-yo. De algún modo, resulta útil para la causa, la cual logra triunfar sobre las perversas maquinaciones de Erika, de OMIKEL, el solemne vampiro y EMINENCIA GRIS de la emperatriz y del vengativo Tyrone, que, como proclama su hermano, muere con dolor. Y en la misma atacada, Brian se carga el imperio, venga la muerte de SHEBABA, su amante, y rehabilita su nombre, ¡vaya día completo!

Triunfal, Ironwolf se percata de que acaba de heredar una responsabilidad incompatible con su carácter (por mucho que con su soflama final trate de enmascararlo): dirigir el imperio derrocado.

¿Para cuándo más Ironwolf?.-

Estas planchas nos dejan anhelantes de más hazañas. Tralla para ellas hay. Este es un guante lanzado en un desafío que nadie ha recogido. Su Universo posee una riqueza compleja que merece secuela. Ante las modernas recreaciones que únicamente sirven para empañar la grandeza de la saga original del clásico-por-excelencia, FLASH GORDON, tenemos a Ironwolf ansioso de poner proa hasta la próxima épica. El Cosmos del heroico jugador de polo está perfectamente encajado en el troquel como para retocarlo con concepciones novedosas. Ironwolf nos da la oportunidad de catalogar nuevas nebulosas con otros peligros y andanzas, alejando de peligrosas actualizaciones al aguerrido libertador de MONGO.

Ironwolf, a su vez, no tiene por qué limitarse al papel. Hemos asistido, en televisión, al nacimiento de series de corte similar (pobres y maniqueas, con alguna excepción) y sería un material idóneo para trasladar a la pequeña pantalla… siempre y cuando el encargado respete el original, tenga visión y ambición, y no decida rendirle pleitesía al panteísmo estomagante tipo STAR TREK, vicio maligno y recurrente en el cual estas series persisten en caer.

Recapitulando.-

Nadie que no vea STARDUST y haya leído Ironwolf puede evitar encontrarle nexos, del mismo modo que podemos permitirnos sospechar que DAN SIMMONS, para su grandiosa épica HYPERION, ha aprovechado algunos recursos que se plasman en la novela gráfica.

Pero querer verle, insistimos, lecturas de un corte, digamos, social o político, es un vano empeño. En Ironwolf no hay más leña que la que arde en la heredad disputada. Es un mero pretexto en una obra que, de tener un definido espíritu de denuncia, lo sería de la traición presente en la raza humana, como una partícula inextirpable de la especie.

Ironwolf se las ha apañado para entrar en la gloria y permanecer, con legitimidad, en el panteón, en gran parte gracias al trabajo del ilustrador, que supo desarrollar un sugerente aspecto, buscándolo más en lo habido que en lo por venir, siempre en movimiento, parafraseando a YODA. Ironwolf, en ese sentido, ha resultado un considerable-considerable éxito, el mismo acierto que tuvo GEORGE LUCAS con STAR WARS, eludiendo los estilismos futuristas (en naves, vestuario, escenario, ambiente) que en pocos años podían quedar anacrónicos y desfasados, tornando intemporal su saga. Semejante aura comparte la clásica de Flash Gordon, pero jamás la ganará Star Trek, por mucho apaño que las nuevas generaciones traten de agregarle. Esos pijamas han resultado mortales, junto con su moralina de catequesis y su ofuscado concepto de Dios y el espacio.

Lo mejor.-

Mike Mignola.

La página.-

La 96: el revolucionario laico adornado con los estigmas de la santidad.

La frase.-

-Una salida muy poco dramática para un monstruo tan histriónico.

Lo peor.-

Homer Glint y su socarronería barata.

Reseña de Antonio Santos

miércoles, 19 de marzo de 2008

FREEK 42


Siguen en la brecha los incansables vadeadores del océano de la cultura popular (la cultura predominante hoy) que hacen la revista Freek en el cono Sur de España

Con el núm. 42, FREEK! alcanza una cota que se creía no superable aportando raciones insospechadas de información, entrevistas, documentación, opiniones, gansadas, freekadas y alguna que otra inconsistencia. Parece increíble pero no se le acaban los temas.
En este núm. 42 es protagonista la música. Copan la portada The Hives y la sección de discografía y muy bien nutrida (Rumble Strips, Bad Plus, The Sadies, Cristina Rosenvinge...). El cine sale peor parado esta vez, pero nos legan unas cuantas reseñas y revisiones que no tienen desperdicio. En lo concerniente a lo bizarro, nos hablan de flagelomanía, con fotos de época, y José Luis Vidal hace un repaso nostálgico pero muy bien documentado sobre los muñecos, esos fetiches que nos observan gélidos desde la estantería a nuestra espalda. Cita desde el Madelman hasta las más llamativas creaciones de McFarlane Toys. Un goce.
Hay, además, mucho avance de cine, alguno de música, recensiones de viñetas, un artículo friquitotal pero sesudo sobre la inolvidable Tura Satana (Faster Pussycat!, Kill!, Kill!), y una entrevistilla al ilustrador Santiago Valenzuela que le practica Alex Romero.
En la entrevista el creador del Capitán Torrezno se revela inteligente y batallador, como debe ser. Dice:
"(...) se está produciendo un fenómeno de normalización que está llevando a que aparezcan en el medio una serie de bodrios de los que antes parecía libre. Por supuesto que los géneros no garantizan nada, y el 90% son acumulaciones de clichés, pero aun así hay en la aventura y la fantasía un cierto grado de frescura qu está ausente por completo en los arrebatos de costumbrismo obvio, filosofía de andar por casa y memorialismo feminista y/o teenager que ahora se nos vienen encima". Juo, juo
Y añade, hablando sobre técnica narrativa: "Eso es un poco como cuando se dice que un tebeo 'está muy bien contado'. Es algo que siempre suena un poco sospechoso, porque lo que viene a decir es que, aunque el dibujo es más malo que un dolor, se entiende lo que pasa en cada viñeta. Pero esto como que habría que darlo por descontado en un autor de cómics. Si no, apaga y vámonos."
Chapó chavales Sigan la pista a Freek!! Se puede leer gratis en http://www.freekmagazine.com/

Reseñó: Manuel Barrero

MURIO EL KETO

El dibujante y humorista gráfico que firmaba como EL KETO, es decir Daniel Traver Griñó, ha fallecido y ayer día 19 recibió la última despedida de familiares y amigos. El Keto colaboró en variados medios de prensa y últimamente participaba activamente con proyectos como El Cochinillo Feroz, y en las exposiciones ligadas al entorno de FECO España o al festival anual convocado por la Fundación General de la Universidad de Alcalá.

En el pasado fue conocido como State-Keto entre los lectores de los tebeos humorísticos de Bruguera y en cierta ocasión se hizo tristemente célebre (fugazmente) por una caricatura que hiciera del príncipe de España Don Felipe que no gustó a sus jefes, la cual firmó como Danielo para el diario Marca (más en
Tebeosfera). Bajo la firma Traver, este autor ha estado colaborando hasta recientes fechas en Mediterráneo y otras cabeceras de la prensa valenciana Descanse en paz

Informaron: José María Varona y Manuel Barrero

MARGINALIA. LA ENDOGAMIA QUE NOS ATENAZA

LA ENDOGAMIA QUE NOS ATENAZA
Por Antonio Santos (un especial de su serie La voz en el desierto: Marginalia)



Una reflexión sobre tebeos y géneros convencionales.-

Durante unos años impartí clases de dibujo, cómic e ilustración. Fue una valiosa experiencia que me aportó una serie de observaciones que trato de aplicar en la labor de reseñador. Y no es fácil, pues descubrí que entre lo aportado por aquellas experiencias y lo que el lector espera recibir puede haber uno de esos inconmensurables abismos de tebeo, infinitos.

En mi primera clase, decidido a formar a mis alumnos tanto en lo práctico como en lo ideológico (entiéndase por esto: las influencias –lecturas, material visual, experiencias- que pudieran aportar sustrato a sus historias), descubrí que estaba barrenando en el fracaso. Tras la primera conmoción (porque yo sustituía al titular efectivo de la clase, y a los alumnos que repetían curso no les agradaba), empecé a dar la clase según los cánones: rotundo fracaso. Tenía una amplia audiencia confusa y aburrida.

Decidí entonces rebajar el tono y recurrir, expresado de modo impropio, a la parábola. Descubrí que el lenguaje debía ser, ante todo, ameno, directo y sencillo; pero sobre todo, ameno. De haber insistido en un lenguaje “académico”, estaba perdido: perdería a los alumnos.

Pero esto tampoco podía ser, porque la mente es otro músculo que debe ejercitarse: de modo que fui introduciendo gradualmente términos “académicos”. Las mentes ya empezaban a entender, y lo mejor, a pensar sobre lo que se les hablaba y a plantear sus propias opciones.

Entonces Internet era un medio incipiente y, los blogs, impensables.

Hoy recomendaría a cualquiera de los muchos y documentados blogeros que vierten sus conocimientos en la red, de forma generosa y desinteresada, para completar mis lagunas. Pero supongo que llegaría a toparme con el mismo problema: ¿cuántos alumnos comprenderían aquello sobre lo que leen (barrenados por unas normas educativas donde la capacidad y el esfuerzo no se premian, al contrario, se vituperan como cosa fascista –la palabra/lacra- complacientemente perpetuadas por unos Gobiernos que aplauden que un estudiante pase de curso con cuatro suspensos y se desgarra, no ya las túnicas, sino los tripas, cuando un profesor osa poner una nota en rojo en un examen)?

Mi lucha (¡toma, relación chunga/fascista! De esta, no me libro) ha consistido en mantener contentos a ambos grupos de lectores: tanto al escritor dueño de un lenguaje “académico”, prolijo y detallado, el cual no le arredra leerse un libro de mil páginas, como a ese alumno que, de pronto, conoce, deslumbrado, el medio. Al final me he decantado por formar más que por contar.

¿Y por qué formar, cuando con un leve esfuerzo puedo pertenecer al Parnaso de los grandes, los ilustres, los “académicos” (sin ánimo de ofensa, ¿vale?)? Porque llevo apreciando que, en respuesta a la recurrente crisis de la industria, que tanta alarma y denuncia genera, en vez de plantear alternativas o soluciones, se ha preferido eludir remediarlo recurriendo a un proceso de autismo ENDOGÁMICO. Pero no os sintáis ofendidos o alarmados: para mi sorpresa, he descubierto, mediante mis tanteos en medios anejos, que la endogamia es un cáncer virulentamente extendido, y cuando te atreves a hacer la observación, te tildan de alarmista, de extremista de la derecha más recalcitrante y reaccionaria.

No se trata de CORPORATIVISMO, mal afincado en otros gremios, que la prensa denuncia a grandes voces cuando se trata de la profesión médica o la abogacía: ¡corporativismoCorporativismoCORPORATIVISMO!; es pura y dura endogamia, escribiendo solo para solaz personal y la envidia del otro que se dedica a esto. Se ignora al lector llano y al neófito, sin apreciar que el medio está KO y que necesita de forma urgente una inyección brutal de lectores.

¿Qué está pasando PASANDO?.-

Del mismo modo, la industria está respondiendo con medidas de una dudosa eficacia. En el momento en que debería hacer una profunda reflexión sobre los problemas y buscar soluciones, hace una pirula efectista, como poner hologramas en las portadas de SPAWN, efectúa una involución cultural y se limita a cobrar las primas que logre arañar de una cada vez más escasa clientela.

Ilustraré con un ejemplo: estoy leyendo el THOR de 1974-75. LEN WEIN y JOHN BUSCEMA efervescentes. Primera página: Thor y su panda o están tonteando o están atenazados de dramática angustia. Wein, empujado por la grafomanía del momento, escribe de forma ampulosa unos cartuchos explicativos y bocadillos dignos de GÓNGORA. Buscema en lo suyo. Página dos: diálogos chorras. Página tres: ¡ACCIÓN! ¡AVENTURA! Llega el malo, el sicario del malo, quien sea, a repartir estopa (todo eso redondeado por profusos diálogos y cartuchos explicativos hasta en las onomatopeyas). Reparten palos hasta la página diez; hay una pausa que oscila entre tres viñetas a una página donde se cimientan las líneas de una futura aventura o la subtrama de la saga y hace funciones de intermisión; la página once vuelve a la batalla y ya casi hasta el final, leñazos. Y así durante ciento noventa, o doscientos tebeos, ¿de acuerdo?, con estos u otros autores.

Podemos discutir lo que queramos sobre las situaciones y la oportunidad del diálogo, pero es secundario con respecto a lo que quiero destacar.

Hoy idolatramos a tipos como BRIAN AZZARELLO, al cual parece que el simple hecho de escribir tres líneas de diálogo le supone una tarea tan descomunal como edificar una pirámide. Los dibujantes hacen otro tanto: poquitas viñetas por página que me puede dar un derrame digital. Nos muestran, en las dobles páginas, lo de puta madre que dibujan, lo cachas que les salen los tíos o lo provocativas que están las tías, con esos ceñidos trajes fetichistas (la verdad, los superhéroes y supervillanos deben tener toda la sangre del cerebro concentrada en las ingles, excitados por esas curvas; ¿de veras van a liarse a mamporros, perturbados por esa visión? JESSICA ALBA interpretando a SUSAN STORM RICHARDS: ¡hace más daño visible, con ese uniforme adhesivo, que invisible! -¿Lleva ropa interior debajo de ese spray?-), pero sus viñetas recogen personajes donde posan, estáticos, altivos, mármol romano encumbrando su autoidolatría.

Podemos quejarnos lo que queramos diciendo que Buscema se copiaba sin pausa, pero por lo menos, las figuras SE MOVÍAN.

Se advierte la degeneración del género. Los escritores necesitan más de un tebeo para contar algo que antes se hacía en un número… algo sumamente fácil si cada viñeta contiene una línea de texto, y dejas dos en silencio para obtener la respuesta. Y cada página tiene dos viñetas. Tres, con mucho esfuerzo.

El MANGA, obviamente, ha tenido en esto una notable influencia: su sistema narrativo incorpora viñetas extras donde el dibujante se recrea. En ciertos aspectos, la narrativa manga es más eficaz (y efectista) que la occidental: no comete la torpeza de poner a sus protagonistas a declinar LA ILÍADA mientras se matan. Pero esas viñetas extras, ¿son necesarias? Como dibujante, siempre he encontrado oportuno abrir la siguiente escena situándote en el lugar, pero eso es un gusto particular. STAN LEE lo hacía en un cartucho explicativo; SHIROW MASAMUNE emplea dos, tres páginas, para decirte dónde te ubica la acción.

Se aclama el AMERIMANGA como la salvación del género. Opino que es un engañoso acierto destinado a un lector superficial. El problema viene cuando buceas un poco en el género y te das cuenta de que, pese a sus graves desaciertos y carencias, los “clásicos” tienen un calado, fuerza e ingenio que hoy no se logra, excepto en los consabidos ejemplos que siempre se citan, ALAN MOORE o FRANK MILLER.

En este punto (y aquí es donde puede estribar la principal desavenencia), considero que esos autores de la nueva ola, BENDIS, BUSIEK, MILLAR… por citar algunos, son un bluff. ¿Pueden acercarse siquiera a BILL MANTLO? Todo ahora son problemas emocionales y sentimientos, una página tras otra. Azzarello y GARTH ENNIS funcionan por las estridencias de sus argumentos, pero ¿no lo hace, o hacía, el UNDERGROUND por lo mismo? Ennis y Azzarello son dos undergrounds amaestrados. Parezco hipócrita, porque he reseñado como geniales algunas de sus historias, pero tened en cuenta el factor del momento presente; si tuviera que elegir entre el más farragoso pero dinámico momento de ROY THOMAS y el telegráfico LOVELESS de Azarrello, elegiré, pese a sus deficiencias, a Thomas. ¿Por qué? Me entretiene, no tengo que esperar quince viñetas a saber algo, sin tener que, además, interpretar las intenciones del protagonista, que aclararía con un simple bocadillo (de texto. Para compensarme, podrían regalarme uno de mortadela.)

Se han erigido altares a estos autores porque hemos perdido de vista los orígenes, más viscerales, de los cómics de superhéroes y de los géneros del mainstream. En todas las reseñas que he leído (de una profundidad y análisis soberbios), el autor nunca hace referencia a la auténtica verdad que subyace bajo el tebeo: esto es un trabajo, un salario. Y, en muchos casos, no se lo están ganando. Los dibujantes es otra historia, porque hemos pasado del rudo estilo de KIRBY o DITKO, al prerrafaelismo o el barroco de ALEX ROSS. Y dentro de lo que es, Ross todavía intenta capturar aquel viejo espíritu.

¿Qué está pasando PASANDO? No se hace por atraer a nuevos lectores, Internet es como un fondo inagotable de material y casi adquirido de gorra (la conexión y la factura eléctrica deben ser abonadas), los tebeos cuestan un pastón: un ejemplar de grapas cuesta TRES EUROS (QUINIENTAS PESETAS franquistas) para leer diez renglones de texto y ver doce posturitas, más un puñetazo o dos rayos repulsores, caso de IRON MAN. Y todavía tengo que aguantarle la insolencia al editor de decirme de que eso es BARATO y que me quejo por vicio.

Vete a dar clase de cómic a un centro cívico de un entorno social relativamente deprimido, donde tienes que pelear todos los meses con la madre de un alumno porque consideraba que las veinte horas de clase que su niño recibía por mil quinientas pesetas eran abusivas, y entre toda la parva, descubre a ese/a chaval/a que le gusta el cómic y se le ponen los ojos de huevo duro viendo los tebeos que llevaba para ejemplarizar una de las clases y decirte que no puede comprarlo porque no tiene dinero.

Pero eso le importa un bledo al editor: tiene al freakie que asiste a la convención disfrazado y que, en un orgasmo de compra compulsiva, arrasa con el stand, pero sólo de su héroe. Mientras, yo hablo de un delta de lectores que se van a comprar bastante de casi todos, además de un personaje concreto. Ese lector es, a la postre, más rentable: se va a enganchar más series y las va a seguir más tiempo.

¿Tan difícil resulta comprender un argumento tan sencillo?; quizás sea que yo no tengo razón, como me empeño en creer, o es que no he sabido explicarme.

La industria, por fin, POR DESGRACIA, fenece. Stan Lee bromeó afirmando que desde que él empezó en esto, la cosa estaba fatal. Que duraba tres telediarios. Eso fue, creo, en los 1960. Bien: nosotros sí estamos ante el Ragnarok. Y la causa es sencilla: hemos matado al lector

No hemos sabido transmitir un mensaje; las editoriales se han ceñido a una curva de ventas engañosa; el tebeo “para adultos” o es pornográfico o es una paranoia elitista estilo MOEBIUS, y, ojo, no estoy diciendo que no deba existir. Las editoriales no están cuidando a los lectores que nos fogueamos con VÉRTICE y que sentimos vergüenza fijándonos en que los tebeos actuales son para niñatos con el cerebro en ondas delta. ¿Dónde está la edición para adultos del cómic occidental? Porque en Japón sí la hay. Aquí nos aturden con los sellos MAX o VÉRTIGO. ¿Y nos satisfacen? ¿De veras? A grandes rasgos, hasta EPIC se preocupó más por presentar una alternativa seria al lector maduro.

Recapitulando.-

Todo esto lo contemplo más desde la perspectiva llana del lector al cual le han permitido expresar su parecer que como reseñista. Ni estoy en posesión de la solución ni de la verdad, y seguramente he errado en muchas de estas consideraciones. Es el momento de hacer acto de contrición (para algo debía servir el catolicismo) y descubrir cuánto de acierto o de error contiene este texto. Pretendo estimular la opinión, motivar a proponer alternativas/salidas al problema planteado. Definir la crisis como “endogamia” quizás parezca excesivo, pero lo empleo como anzuelo para atraer vuestra atención. Podía haber recurrido a alguna tía ceñida en látex en portada o un refresco refrescante; sólo tenía esta palabra a mano. Y saber si, nosotros, de alguna forma, podemos solucionar o aportar una solución al asunto.

¿Pasa ésta por adquirir más tebeos? ¿Nosotros, los veteranos? Considero que lo hace ATRAYENDO y FORMANDO nuevas generaciones de lectores, encandilarlas con la magia que la historieta tiene y que nos sedujo a nosotros. ¿Debemos exigirle más calidad a los editores? Más que calidad, establecer unas gradaciones, que un lector ya maduro pueda leerse un SPIDER-MAN sin la sensación de que la trama esté urdida, exclusivamente, para un púber. Estoy convencido de que Spider-Man tiene sus momentos fascistas, sus veleidades extramaritales (con esas tías y sus atuendos…) pero que, debido a la situación del mercado al cual se destina, se reprimen y eluden. Y, como lector, no te han dejado más que esa salida, o dejar de leer Spider-Man.

Los pocos que disfrutan de remuneración del medio no parecen inquietos, porque aún cobran, pero lo hacen de un segmento gradualmente decreciente, y quizás, de aquí a un lustro, se acabó de verdad el cómic. Las reediciones ocuparán el mercado, o alguna editorial, en plan nostálgico, apoyará algún proyecto. Pero ¿por cuánto tiempo?

Es obvio que si esto tiene una solución pasa por interrelacionarse con otros medios. Ciertos editores se permiten despreciar al cómic con altaneros escrúpulos. Son tan cortos de miras que no se percatan de que, como en mi caso, pasé de MORTADELO Y FILEMÓN a JULES VERNE y H.G. WELLS, y de ahí, a un amplio espectro de autores y temáticas. Compagino ambos ámbitos. Tan valioso me resulta uno como el otro. Pero esta obviedad les resulta una quimera o entelequia sobrehumana. No se fuerza a la Administración, LA QUE SEA, TODAS, a profundizar en una formación cultural del lector. Evidentemente, no vas a darle LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ a un párvulo. Dale un MORTADELO, y luego, algo más pesado, y cuando su mente ya esté en condiciones, pásalo a la novela.

Recientemente, reseñé parte de KAMANDI, centrándome en la materia ideológica tras las viñetas. Tal vez no di ni una, pero honestamente, hallé todas esas referencias. Y pertenecían a novelas, cuentos, películas. Había un laudable efecto de simbiosis. Quizás, ahora topemos con un lector de tebeos que, leído lo uno, o lo otro, vaya a verificarlo. Compre o Kamandi o LA ISLA DEL DR. MOREAU, y diga: Este tío tiene razón, o qué equivocado está. Pero, al menos, se ha establecido un enlace.

WILL EISNER, cuenta la leyenda urbana, se llevó toda su vida luchando LUCHANDO porque la historieta se convirtiese en un arte grande, y sus autores, reconocidos artistas. Difícil veo yo entre nosotros semejante tesón. Nos hemos dejado apabullar por los 400 del Manifiesto que consideran CULTURA sus elitismos, dejándoles tildarnos despectivamente de críos, porque el tebeo es, fundamentalmente, cosa de CRÍOS (en su sapiente criterio). Lees sobre asociaciones y actividades, con proclamas de cabecera dinámicas. Pero ¿resuelven algo? ¿Dónde están sus hechos? No tenemos conciencia de clase. Hemos permitido que el cómic sea el NOVENO ARTE; el cine, mucho más novedoso, es el séptimo. No hacemos por dignificarlo. Como Nabuconodosor, como Príamo tras la muerte de Héctor, nos revolcamos en el estiércol y la ceniza, gimoteando, porque eso es preferible a hacer algo.

Son claros los indicios de extinción. Pero ¿estamos aún a tiempo de salvar un medio que gustamos o lo dejamos morir? ¿Hay energía para intentar soluciones o sólo para poner bonitas pero huecas posturas heroicas de manifiesto?

¿Pasamos a la acción o, como todas las especies decadentes, saboreamos el néctar agridulce de la extinción?

Opinión de Alberto Santos

martes, 18 de marzo de 2008

NOMEJODAS, PEREZ, DE LORENTE EDITOR


NO ME JODAS, PÉREZ, #2

Hasta aquí podríamos llegar.

Me llega por correo un libelo impreso, una piltrafa informativa (u opinativa, asegún), con la primera y la cuarta de cubiertas en colores. No trae créditos, ni depósito legal, ni registro alguno, como era de esperar de un producto infame como éste; sólo un sello que todo lo aclara: “Lorente Editor”

-Buf, ¿otro de esos fanzinuchos del grEGO ese?

-Ése

-Qué pesao, si es que no sabe más que hablar de sí mismo y mal de los demás.

En cierto modo, sí. Grego Lorente recuerda al Caronte que describía Aristófanes en La Ranas: un tipo gruñón, con ropas oscuras y con antifaz (gafas en el caso del ya evidente alopécico), que a veces aparecía como un demonio y que además de exigir óbolo para atravesar el río Stix se dedicaba a escupir insultos sobre la gente obesa.

Y de todos es sabido que la mayoría de los que escribimos sobre tebeos o hacemos blogs somos obesos.

O friquis.

O no somos Grego Lorente, en fin.

Y es que para ser Grego Lorente hay que tener mucho estudiao o todo perdido. Grego nos regala un fanzine (1,50 leuros, pero yo colaboré y me lo envió degratis) en el que habla de sí mismo y de sus pesares en el Editorial (denunciando que le han escrito los gilipollas a quienes aludió él antes con la finalidad de que le escribieran para quejarse…), que habla de sí mismo leyendo libros sobre cómics cuando simula reseñar libros sobre cómics, que habla de sí mismo criticando a los humoristas gráficos que no le gustan a él, ¡que incluso habla de sí mismo cuando critica la obra de un autor, comisario, dibujante, escritor, bloguero, crítico y superetc que también se dedica a hablar de sí mismo (Diego Cara)!! Casi sorprende que no atisbemos a Grego hablando de sí mismo en los artículos que firman otros, como el de J. Enrique Machuca (del cual no pienso decir nada pues habla de blogs y no habla de ÉSTE) o el de PACO OLIVARES, que lo escribo en versalita y en negrita porque es uno de los teóricos sobre el medio más grandes y más admirables de nuestra piel de toro. Ahí lo tienen, todo el mundo escribiendo chorradas o montando academias o asociaciones fantasma y llega el Olivares, con su sonrisa horizontal y las canas de Reed Richards y nos brinda una entrevista con Manuel Noales.

-¿Noales? Por M. Noales me viene nada en el Arlas

-Ya, ya, es que el llamado Atlas no es inmarcesible.

-Infalible.

-O eso.

Lo dicho, Olivares es un escarbavidas envidiable, supura amor por el medio y sabe lo que se dice y lo que se hace, y a cada textico que va sacando aclara más el panorama de la historieta murciana, que ya es. Sólo por este articulito de dos paginillas con tres viñetas del autor merece la pena comprar NoMeJodas, Pérez #2.

O también por lo que hace en el flip-book NO ME JODAS, PÉREZ ESPECIAL, subtitulado ARTE en GUERRA y que va dedicado a la memoria del recientemente fallecido Manfred Sommer. Siguiendo el ritmo de lectura del fanzine tal y como se vende (ejem… o sea), ‘admiramos’ un póster mal impreso en cuyo envés se lee un “Sommer Checklist” (qué snob, ¿no erais españoles vosotros?), en el que cual se detallan (mal) los trabajos de Sommer (ese distinguir ‘series’ de ‘seriales’ y hablar de ‘monografías’ me recuerda a cierto libro lleno de “Véases”, hum…). A continuación, Nájera escribe en primera persona de Sommer, hablando un poco de sí mismo y, de paso, un poquitín del maestro. Luego escribe un tal Barrero, que no habla de sí mismo, ni en reflexiva, pero que es obeso, como todo el mundo debiera saber ya, y por lo tanto objeto de escupitajos carontinos. Luego hay un dibujo homenaje de José Ortiz, precioso en verdad. Luego un texto de Paco Olivares concreto y sencillo en el que no habla de sí mismo sino de Sommer. Pero Olivares no alcanza a aclararnos a cuento de qué se publican como apoyo a su texto dos tiras de prensa, aparentemente, firmadas por Sommer.

El editor de la cosa, el grEGO, es decir, tampoco dice nada respecto de estas tiras, que adornan también otra página por ahí. ¡Qué vergüenza! Tanto criticar a los que critican y luego hacen un ‘especial in memoriam’ en el que ni son capaces de identificar las imágenes que publican. Porque no sólo dejan a la imaginación del lector la naturaleza original de estas tiras. Tampoco aclaran de dónde proceden o dónde se publicaron las imágenes que adornan los artículos o el póster. ¿Qué pasa, en Murcia sois tan listos, pero tan listos, que de la imagen se deduce el origen? Apañaos vamos. ¿Y por qué Grego Lorente denomina “tebeo” al medio? ¿A qué viene esta tontada propia de blogueros obesos? Que poco hemos leído, Señor…

Naturalmente, cierra el fanzine (o lo abre, si lo lees de modo reversible) el mismo Grego Lorente. No lleva firma ese texto de presentación del especial sobre Sommer. No hace falta: es un artículo en el que quien escribe no para de hablar de sí mismo. Es de él. Es de grEGO.

-Yo siempre he dicho que si reducimos lo que escribe Lorente a lo que realmente quiere significar, su aportación se queda en dos párrafos.

-Y cortos.

Cuesta entenderlo: ¿a qué está esperando este defensor de la españolidad para abrir un blog en el que vomitar su ombligo día a día, como el resto de friquis blogueros que campan por el país? Al menos así se dejaba de hacer fanzines cutres para sacar a relucir sus resentimientos, sus citas célebres, sus improperios medidos o los dibujos de su hermano.

-Entonces, ¿Tú porqué colaboras con él?

-Er… bueno, pues porque en realidad creo que es necesario que exista este tipo de prensa, pese a los efluvios ombliguistas (todos nos acusamos de eso, todos adolecemos de ello). Siempre aporta algo nuevo, fresco, alejado de lo internéticamente correcto, útil.

-Ya, pero, entonces… ¿ésta crítica?

-No he podido resistirme. A Grego hay que darle de su propia medicina para que tuerza el gesto alguna que otra vez… y a los lectores algo de carnaza, que si no no leen.

En esta España que prefiere el Chiki Chiki a Albéniz: No me jodas, Pérez.

Por fuerza.


Nomejodas, Pérez, núm. 2 (tercero de la ristra)
Lorente Editor, pa' Cartagena
Un A4 doblao y grapao. En grises todo
1,50 euros de vellón

Reseña de Manuel Barrero

Tebeosfera recibió servicio de prensa de No me jodas, Pérez #2 (mal y tarde, pero lo recibió).

lunes, 17 de marzo de 2008

EL ROTO EN CUENCA

Andrés Rábago, alias 'El Roto', fue el protagonista del ciclo de humor gráfico organizado por la UIMP en Cuenca el día 11 de marzo de 2008.

Nacido en Madrid el 11 de diciembre de 1947, Rábago es, según lo presentaron los representantes de la UIMP: «un creador gráfico difícilmente catalogable, de un humor reflexivo y minucioso, que ha reconocido a Goya, Daumier, Solana y Groz como sus "santos patrones". Su estilo se caracteriza por la dureza de su trazo grafico y un cierto hermetismo en el tratamiento de los temas.» Durante los años del franquismo colaboró en revistas como La Estafeta Literaria, La Codorniz, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo o Hermano Lobo y periódicos como Pueblo y Hoja del Lunes. También ha colaborado en El jueves, Ajoblanco, Madriz, Tiempo, El Cuervo, Informaciones, Cambio 16, Diario 16, El Independiente o El Periódico de Catalunya. En la actualidad publica cada día en El País. Además de su actual seudónimo de "El Roto", o el de "Ops" usado en sus tiempos en Triunfo y Hermano Lobo, también ha firmado sus viñetas con los de "Jonas” o "Ubu". En su haber figuran galardones tan importantes como el "Francisco Cerecedo" o el de Humor Grafico "Quevedos".

Aparte de su labor como dibujante satírico, Andrés Rábago ha colaborado en la estenografía de dos obras de teatro, una del grupo Ditirambo y otra de Luis Matilla, y ha participado en el cortometraje de dibujos animados La edad del silencio. También ha ilustrado libros como Una modesta proposición de Jonathan Swift o las recopilaciones de artículos de Manuel Vicent Crónicas urbanas y No pongas tus sucias manos sobre Mozart. Como pintor firma con su apellido, Rábago.

Mas que como humorista se reconoce como practicante de la sátira, en la que el humor puede tener su aparición, pero de igual modo que otros elementos. Ha procurado reflejar la realidad social, siempre desde un punto de vista crítico y satírico, mostrando una vida plena de contradicciones. Sus viñetas representan la quintaesencia de verdades que difícilmente pueden expresarse de otro modo.

Durante su charla, según recogió el diario conquense El Día el miércoles 12 de marzo bajo el titular "El dibujo debe sostenerse solo" (redacción de M.S. Galindo), El Roto afirmó que los dibujantes deben ser francos y sinceros en su expresión, dejando hablar por sí mismo al dibujo.

Declaró durante su charla que sus intereses más profundos son: «la calidad del dibujo que es algo que se había perdido un poco y que la idea, el mensaje que se transmite, no sea tanto la reflexión sobre lo inmediato sino zonas de una mayor temporalidad, evitando las cosas que aparecen en primera fila y buscando lo que está en un segundo plano». En estSobre el panorama del humor gráfico actual consideró que está mejorando porque «se está recuperando la voluntad de trabajar con un tipo de dibujo que se sostenga por sí mismo, que no sea u mero apoyo a las letras o al texto (…) la experiencia nos dice que de los grandes dibujantes del pasado lo que ha permanecido y lo que se sujeta mejor es la parte gráfica.»

Al respecto de la polémica generada por una portada de la revista El Jueves en la que se veía a miembros de la realeza copulando consideró que ese no era un caso para reflexionar sobre los límites de la sátira o del humor gráfico, lo era en todo caso el incidente de las viñetas de Mahoma ocurrido hace dos años, que sí provocó altercados violentos y una reacción desorbitada por parte de ciertos líderes religiosos del Islam: «que yo sepa, la Casa Real no ha amenazado a ningún dibujante mientras que los islamistas sí lo han hecho (…) ha sido utilizado con unos fines políticos y de crear polémica. Lo más inteligente es evitar caer en esa trampa. (…) NO hay temas tabú, cualquier tema puede ser tocado y lo cierto es que tampoco hay que buscar problemas innecesariamente.» Y apostilló: «Yo creo que el dibujante debe saber que lo que dice puede molestar, pero eso no le debe impedir ser franco y sincero en su expresión si cree que eso es necesario.»

En el diario La Tribuna de Cuenca, El Roto fue entrevistado por Gorka Díez y de esa entrevista, publicada el día 12 de marzo, entresacamos los siguientes contenidos:

¿Cómo definiría su estilo, tan difícil de catalogar?

Sigo una línea tradicional, que probablemente parta de Goya, más en concreto de los dibujos de Los desastres de la guerra. Es una línea que podríamos llamar realista, es decir, hay poca caricatura, y sí una imagen realista de la situación, de los personajes y del entorno, a lo que se une un texto que pretende ser lo más resumido posible de manera que cale rápidamente en el lector con el fin de que éste tenga una idea clara de lo que se quiere decir y le ayude de alguna manera a perfilar sus propias ideas.

¿Se puede decir que usted es un dibujante que busca la reflexión?

Normalmente sí. Mi idea es dar algún apoyo a unos mecanismos de reflexión que son siempre frágiles. Creo que eso es algo sano para la sociedad.

¿Le inspira la actualidad?

Creo que el tipo de humor que en general se hace ya está demasiado anclado en el momento presente, así que intento llevar a cabo un tipo de sátira que vaya un poco más allá y abarque un tiempo y un espacio mayores. No me gusta ceñirme a lo que acaba de ocurrir, sino que mis chistes tengan una vigencia y temporalidad mayor. Creo que se tarda mucho tiempo en saber cuáles son los hechos importantes: hechos que parecen relevantes en el momento en el que ocurren a lo mejor no tienen importancia y en cambio otros que permanecen en segunda fila son los que a largo plazo tienen mayor trascendencia. Por eso es por lo que evito en lo posible ocuparme del acontecimiento del día.

(…)

Al contrario que muchos otros humoristas, usted no acostumbra a hacer protagonista de sus viñetas a los líderes políticos. Prefiere al hombre de la calle...

Es que yo creo que los políticos ya tienen un excesivo protagonismo. Los identificamos demasiado con los problemas de la sociedad, pero sucede sin embargo que ellos van y vienen, se intercambian unos por otros en el gobierno o en la oposición, mientras que los asuntos importantes, que nos atañen a los ciudadanos, permanecen tiempo después de que hayan desaparecido. Por eso intento evitar darles un mayor protagonismo. Creo que no es sano el excesivo ‘star system’ que tenemos de los políticos: los hemos convertido en auténticos divos. Prefiero que sean los personajes anónimos de la calle los que personifiquen las situaciones, personajes que muchas veces aparecen con las caras ocultas, o de espaldas, de forma que no se les puede identificar con individuos concretos.

En los años sesenta firmaba sus viñetas como ‘Ops’, y ahora lleva años haciéndolo como ‘El Roto’... ¿A qué se debe ese cambio de seudónimo y de estilo?

Digamos que voy siguiendo el proceso vital tal y como se me va presentando, procurando moverme de acuerdo con un movimiento interior que me lleva en una u otra dirección. ‘Ops’ nació en un contexto de dictadura y con los cambios que hubo en España su lenguaje demasiado críptico dejó de ser útil en una época de libertad de expresión y de democracia. Las circunstancias que le hicieron nacer habían desaparecido y por eso murió y emergió este segundo seudónimo que me está siendo útil en esta otra época.

¿Y no hay viñetas de ‘El Roto’ que le puedan salir a la manera de ‘Ops’? ¿No resucita en su trabajo artístico parte del seudónimo anterior?

Sí que surgen algunas ideas que tienen algo que ver con el ‘Ops’ antiguo, cuyo lenguaje estaba más dentro de una corriente surrealista, pero lo que hago es intentar desarrollarlas como ‘El Roto’, que es más realista. O bien, si se trata de ideas que tienen un calado más importante, las traslado a los territorios de la pintura.

Usted publica su viñeta diaria en El País, donde también trabajan otros seis dibujantes de humor de gran prestigio, como, por ejemplo ‘Forges’. ¿Hay rivalidad entre ustedes?

Yo creo que no. Cada uno hacemos lo que creemos que tenemos que hacer. Por otro lado, creo que es bueno que haya un número importante de dibujantes en la prensa en general, porque cuantas más personas trabajemos en esto más posibilidades hay de que alguno realmente destaque. Creo que el dibujo satírico es un lenguaje difícil y que lo importante no es intentar halagar o buscar la complicidad fácil del lector, sino ser exigente con uno mismo, lo que lleva a exigirle un esfuerzo al propio lector. Yo creo que es un esfuerzo que merece la pena. Es cierto que hay también un tipo de humor que es más, entre comillas, mercantil, que a mí me interesa menos. Pero, como hay muchos estilos, espero que entre todo algo quede.

El público parece seguir estando muy enganchado a las viñetas de humor de los diarios...

La verdad es que es algo que no lo sé muy bien porque no lo sigo muy de cerca. Digamos que yo me limito a hacer mi trabajo y no soy un estudioso del fenómeno del dibujante en la prensa. Así que ignoro el nivel que hay y también la aceptación que tienen. Pero en mi caso concreto sí puedo decir que por lo que percibo hay una relación con el lector. Pero, de todas formas, si no se diese esa relación yo seguiría haciendo lo mismo. De alguna manera creo que uno es hijo de su tiempo y representa a un sector de la población o de los lectores que tienen una forma pensar similar a la suya. Y mientras eso se produzca habrá conexión.

Tras la reciente reestructuración que se ha llevado a cabo en El País, parece que ahora usted ocupa el lugar de ‘Máximo’.

No creo que sea así. Los dos estuvimos publicando viñetas simultáneamente, cada uno en nuestra página. Él ha dejado de publicar por razones que desconozco y yo he quedado. Pero yo no creo que ocupe su lugar, sino el mío.

¿Y cree que tiene algún punto en común con ‘Máximo’?

Para nada. A mí me gusta mucho la elegancia y la limpieza del dibujo de ‘Máximo’, quien me parece un espléndido dibujante que viene de la línea del americano Saúl Steinberg, pero lo que hago yo procede más del estilo del francés Daumier. Son líneas y lenguajes plásticos completamente distintos, lo mismo que el enfoque. No tenemos nada que ver.

Como uno de sus maestros usted suele citar a Chumy Chúmez...

No es que sea mi maestro, porque yo no he tenido maestros contemporáneos, pero sí alguien a quien quise mucho y la persona que me dio entrada en una revista tan emblemática como Hermano Lobo desde sus inicios porque le gustaba lo que yo hacía como ‘Ops’. Gracias a él hice la primera portada de aquella revista, y además creo que Chumy Chúmez fue probablemente el mejor dibujante de los años setenta y ochenta. Su lenguaje era muy rico, potente, gráficamente muy bien estructurado, y siempre sentí una gran admiración por su trabajo. Pero los maestros no los tengo en el dibujo, sino en otras áreas mucho más próximas por ejemplo a la pintura o a los dibujantes de los siglos XVIII o XIX de la sátira internacional.

Entrevista a El Roto en Tebeosfera

Libros de El Roto:
• Los, hombres y las moscas (Fundamentos, 1971).
• La cebada al rabo (Cuadernos para el dialogo, 1975).
• Bestiario (Alfaguara, 1989).
• De un tiempo a esta parte (Ediciones de la Torre, 1991).
• Habas contadas (Promoción Popular Cristiana, 1994).
• La memoria del constructor (Diputación de Sevilla, 1998).
• La visita inesperada (Centro Cultural Conde Duque, 1998).
• El fogonero del Titánic (Temas de hoy, 1999).
• El pabellón de azogue (Circulo de lectores S.A./ Mondadori, 2001).
• Bestiario (Medusa Ediciones, Edición aumentada, 2002).
• El guardagujas (Cat. Exposición Universidad de Alcalá, 2003).
• El libro de los desordenes (Circulo de Lectores i S.A./Mondadori, 2003).
• El libro de los abrazos (Circulo de Lectores, 2004).
• Vocabulario figurado (Circulo de Lectores i S.A./Mondadori, 2005).
• El libro de los desordenes (Reservoir Books, 2006).

Fotografías: La foto de cabecera fue tomada por Reyes Martínez. La foto en color procede del documento con que la UIMP informó a los asistentes de su charla.

Informó: Alberto González Martín