



James Bond supuso una revolución en su momento. Fue un hito de los denominados mass media, todo un fenómeno de la narrativa que contagió a varios medios de comunicación (literatura, cine, historieta), que además simbolizaba mucho en la época en que fue creado: el bloque de Occidente.
He aquí un surtido de estas colecciones, completadas en su mayoría por Andrés Álvarez, tebeditor 007:
Si hablamos de policías agrupados y de agentes cualificados, inspectores o espías, no podemos dejar de recordar las dos grandes colecciones de detectives empeñados en resolver tanto el latrocinio en la vecindad como el atentado a gran escala allende nuestras fronteras: Inspector Dan y Aventuras del F.B.I.
Ya hemos hablado de estas colecciones en esta bitácora y les hemos dedicado nuestra atención en Tebeosfera. Dejemos constancia aquí de su enorme importancia para la difusión de este género en una fecha gozne como fue la del comienzo de la década de los años cincuenta, en la que espías y detectives todavía combinaban la aventura exótica (o hasta fantástica) con las empresas militares propias de los espías.
El inspector Dan mostró esta capacidad expansiva de sus acciones en el último tramo de su colección, preocupado incluso por la inminente amenaza de las armas atómicas:
INSPECTOR DAN, de Bruguera, de 1951
Y las aventuras de los agentes del FBI de Rollán se movieron en este ámbito de actuación, un marco internacional, en gran parte de sus números, marcando esta serie de historias la línea a seguir por otros editores y creadores:
AVENTURAS DEL F.B.I., de Rollan, de 1951


Los detectives y policías de recto -aunque agresivo- proceder de los años treinta se convirtieron en justicieros de reputación diferente en los cuarenta. Los gangsters fueron uno de los atractivos de las historietas de corte policíaco y las organizaciones para contrarrestar su avidez delincuente comenzaron a sonar en nuestros tebeos:
X-3 Y SU PATRULLA SECRETA, de Valenciana, 1945
En otras colecciones aparecieron inspectores de policía cortados por el patrón de los modelos americanos, como Jim el invencible (en Panchito, de Tesoro, 1945), el Inspector Arno (Gestión, 1946), Pinky el Halcón (Lerso, 1946), Joe Crawford (Fantasio, 1947), o Johnny el Temerario (Ibero Americanas, 1948). Interesante resulta la penetración de este tipo de personajes en los tebeos infantiles, no sólo en Pulgarcito (con Inspector Dan, con colección propia en 1951), también con Historietas, de Goñi (1948), que ofrecía las aventuras de Bing Fisher, o El globo, de Hércules, de 1948, en cuyas páginas aparecía El Duente, Chick Condor, Chicago Kid, Inspector Larry o Detective Ken:
A final de la década de los cuarenta las aventuras de este tipo de personajes siempre tenían lugar en escenarios cosmopolitas, a poder ser con rascacielos, desde los cuales se buscaban otros horizontes. Esto ocurrió con Jim Diamont, que tras sus peleas con maleantes en un escenario urbano presuntamente estadounidense, acaba enfrentándose a peligros internacionales protagonizados por villanos de otras razas y culturas:
JIM DIAMONT, de Valenciana, de 1949
Mientras que algunos tebeos mostraron nuevos héroes enmascarados contra el crimen (El Tigre en Héroes de la aventura, de Geniés, 1949, El Encapuchado (Clíper, 1950), El Duende (De Haro, 1950) o El misterioso X (Valenciana, 1950), o megalómanos malevolentes con “garra” (como La Mano que Aprieta, Grafidea 1948), lo que terminó calando entre el público lector fueron las organizaciones de agentes especiales, con atención por la organización americana FBI, de la cual todos los aficionados recuerdan la colección de Rollán Aventuras del F.B.I. En esta “agencia” militaba el Agente Norton (Jara, 1951) o Victor Denis, también del FBI (Toray, 1950):
VÍCTOR DENIS, de Toray, de 1950
2 AMERICANOS EN EUROPA, de Toray, de 1951
JEQUE BLANCO, de Rollán, de 1951
Ya eran historietas españolas de espionaje.

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Las historietas detectivescas y de espionaje fueron del gusto de los lectores de tebeos españoles desde los años veinte (ahí estaba la Biblioteca Reflector Aventuras Detectivescas, de 1925), pero sobre todo cundieron entre el gusto general a raíz de la publicación de cómics de esta temática en revistas como Aventurero (de Hispano Americana, desde 1935), cuadernos como la colección Las grandes aventuras (de 1936, luego título de toda una línea) o Chicos (Gil, desde 1938). Fue Hispano Americana el sello que inició la expansión de este subgénero en los tebeos españoles, produciendo o traduciendo series previamente publicadas en Italia o Francia. Por supuesto, el “mussoliniano” Dick Fulmine merece ser citado entre los hombres de acción, al servicio del Estado, y capaz de enfrentarse a toda una escuadra de aviación si necesario fuere. En España comenzaron a ofrecerse traducidas sus aventuras en 1940:
JUAN CENTELLA (HISPANO AMERICANA, 1940)
JUAN CENTELLA (HISPANO AMERICANA, 1944)
(hubo más colecciones, pero posteriores, y no las tenemos catalogadas)
Nuestros autores incorporaron a los agentes especiales tras la guerra. Tras “nuestra” guerra. Y aquí cabe citar como pionera una de las series ya tratadas en Tebeosfera, la titulada Los vampiros del aire (Marco, 1940), que aún se sitúa en un limbo genérico en el que están esas historietas no muy claramente definidas, como las de Javier Montana (1940) o las de la colección SOL (1941), porque sus protagonistas policías o detectives tocan varios palos: lo detectivesco puro, la aventura exótica, la ciencia ficción, el policía enfrentado al horror, etc. Acaso con el personaje César, el Hombre Relámpago, ya estemos ante un modelo más cercano al del agente especial.
CESAR, EL HOMBRE RELAMPAGO (MARCO, 1940)
Otros títulos que aparecieron a lo largo de la primera mitad de los años cuarenta y que incluyeron acciones de agentes y detectives contra planes criminales de envergadura fueron:
INSPECTOR WADE, EL (HISPANO AMERICANA, 1941)
ALBUMES PREFERIDOS POR LA JUVENTUD, MONOGRAFICOS (HISPANO AMERICANA, 1942)
Hubo héroes extraños, a mitad de camino entre villano y superhéroe, como El Murciélago de Boixcar (Marco, 1943), o El misterioso Dr. Satán, del mismo año, lanzado por Valenciana, sello que publicó otra colección con aventuras de esta índole:
GRANDES AVENTURAS (VALENCIANA, 1943)
También cabe citar las colecciones del sello madrileño Rialto, sobre todo Diamante Negro:
Ayudaron en toda esta labor de catalogación Adolfo Gracia, Andrés Álvarez, Antonio Moreno, Jorge Tarancón y más.
Tebeosfera. Gente especializada.
